Unas doce mil personas presenciaron el concierto de Beck y Neil Young A Coruña disfrutó ayer de un ritual rockero completo: un recinto lleno con unas doce mil vociferantes almas, unos oficiantes de lujo llamados Beck y Neil Young y un atasco, un gran atasco que colapsó antes del comienzo del concierto la avenida de Alfonso Molina.
12 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Los Feliz abrieron el fuego con el ex-siniestro total Miguel Costas al frente y ofrecieron una ración de punk melódico efectivo. La aparición de Beck provocó la primera descarga de pasión de la noche. Arropado por una banda que destilaba funk por los cuatro costados, el estadounidense comenzó a atacar las neuronas más bailongas del respetable con temas de su último álbum, Midnight Vultures. Indumentaria llamativa La sección de viento y los encargados de suministrar el ritmo -bajo y batería- comenzaron a marcar las pautas de un Beck que se movía por el escenario como si estuviera conectado a un enchufe eléctrico. El músico norteamericano apareció vestido con pantalón blanco, chaqueta negra y corbata marrón, aunque a medida que fue avanzando en el repertorio se fue despojando de las ropas hasta quedarse en camiseta y pantalón. De la banda, también destacó por su indumentaria el teclista, ataviado con pantalones cortos y una larga capa violeta que arrastraba por el escenario del Coliseo. El palo rítmico iba variando al tiempo que Beck decidía extraer de su repertorio temas más dance -sonaron, cómo no, canciones del fantástico álbum Odelay y de Mutations- e incluso atisbos más rockeros procedentes de Mellow Gold. El rudimentario español del norteamericano -lo ha utilizado en sus discos- también sonó por la megafonía del recinto para agradecer al público sus aplausos. La sudorosa masa se encontraba en las cercanías del descontrol con un movimiento de pies que respondía con creces al reto sonoro planteado por Beck. El público presente en el recinto coruñés mostraba cierta diferencia generacional -hay que recordar que Beck está situado en la treintena y que Neil Young sobrepasa los cincuenta años-, que se notó durante el concierto de Beck en la presencia de un mayor componente juvenil en las primeras filas. Casi dos horas más tarde, Beck dio por finalizado un show que hacía dudar a los presentes sobre sus posibilidades de resistir la tormenta sónica que iba a desplegar el otro monstruo de la noche: Neil Young. «A ver si iguala esto el viejo», decía un veinteañero. A pesar de que el listón estaba alto, el viejo aguantó el tirón de esa licuadora sonora llamada Beck con menos ingredientes musicales pero igual potencia. Pero esa, como diría un clásico, ya es otra historia.