No habrá sitio para todos, pero algunos obreros que trabajan en Baleares piensan a un año vista y creen que la recolocación -por ejemplo, hacia trabajos como la restauración de viviendas, un oficio en auge y sin personal- debe ser una de sus prioridades. El presidente de la Asociación de Empresarios Gallego en Baleares (AEGB), Pedro Calviño, natural de Ferrol, cree que «la recolocación es algo que le va a la idiosincrasia gallega. Y, sí, está bien claro que esta moratoria va a afectar bastante». En realidad, ya no hay vías. La moratoria de Mallorca (el Consell está gobernado por el nacionalismo de centro derecha de Unió Mallorquina) sólo afecta al suelo urbano, pero la del Gobierno balear (presidido por el PSOE, con el apoyo de UM) también incluye el rústico. El desarrollo sostenible es la razón de fondo. Y necesario. Manuel Eyreos, alto directivo de una entidad financiera nacional, nacido en Monforte y excelente conocedor de la comunidad gallega en la isla, lamenta el peso negativo para sus paisanos, pero reconoce que «esto, alguien tenía que hacerlo». También apunta a la rehabilitación del mercado inmobiliario como una posible alternativa a la falta de hormigón. El Partido Popular, que se encuentra en la oposición en el Consell y en el Ejecutivo autonómico, no ha anunciado recurso, como sí hicieron en su día los populares canarios contra la moratoria de Coalición Canaria. Pero tras meses de debates y hasta salidas de tono de alcaldes que han aprobado licencias de obra por libre, la Ley de Medidas Urgentes en materia de Ordenación del Territorio y el Turismo parece haber zanjado la cuestión.