Echando barba en la carretera

La Voz

GALICIA

PATRICIA REY

El Festival de Ortigueira y la operación salida provocan retenciones de cinco kilómetros en Fene

12 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Fene baila el tango con Ferrol. Sólo un puente separa ambos municipios. Gobierna el Bloque desde viejo (1979). Ahora no llegan a quince mil las personas que aquí viven. Aunque es chico, de hecho el tercer municipio más pequeño en toda la provincia. Las cosas suceden cadenciosas, a golpe de grúa, la de Izar, antes Astano. En Fene los atascos saben ya a rutina pura y rancia, pan de hoy, mañana, el siguiente... Así siempre. Algunos días hasta treinta mil vehículos atraviesan su vieja nacional, la sexta, de sólo un carril por sentido en varios tramos. A la mínima que se juntan hambre y ganas de comer se forman colas inmensas, que escapan a la vista. Pasó ayer: cinco kilómetros de retenciones; una hora larga para salvar ese infierno. Coincidieron en la carretera quienes se dirigían a Ortigueira -allí se celebra el Festival Folk-, a la feria de muestras y los que comenzaban sus vacaciones estivales, amén de automovilistas habituales y tráfico de cercanías. Por lo que cuenta Marco, un policía local al cual el silbato ya le ha hecho callo, por eso que dice, un asunto gordo como este no tiene solución siquiera aparente, al menos por ahora: «¿Que lle imos facer nós? Por moito que regulemos, ata que non acaben a autopista...». A la A-9 que menta le queda un trecho de nueve kilómetros para convertirse en realmente atlántica. Justo ese trecho que hace de Ferrol una ciudad huérfana del progeso; la peor comunicada de Galicia. Si todo marcha como prevén las empresas concesionarias Audasa y Dragados, el próximo año las obras en la autopista habrán terminado. Deuda -istórica- resuelta. «Las caravanas producen estrés, agresividad, preocupación, impotencia..», sostiene el psicoanalista Cipriano Jiménez. Todo eso deben sentir los residentes en A Coruña que por semana se desplazan hasta Ferrol para trabajar: grosso modo, en Fene se dejan cada año doce días enteros metidos en atascos, colas inmensas de esas en las que, a poco que suceda lo de ayer, tiempo hay para echar barba.