«No admiten ni que nos toquemos». Lo dice una de las alumnas que el miércoles se saltó las clases de la mañana para protestar por la decisión del director de separarlas de los alumnos durante el recreo. Lo dice en la acera de enfrente del colegio, a golpe de nueve de la mañana. Y apunta: «Todo el pollo se montó porque unos se dieron un morreo en el patio. Pero no es justo que nos hayan separado. Nos pareció machista, pero es que este es un colegio machista. Siempre ha sido de chicos y nosotras no contamos». Sus compañeros tampoco están de acuerdo con la medida. Ante los comentarios que afirmaban que ellas los acosaban, lo tienen claro: «Ojalá, vendríamos más contentos a clase». Las chicas acuden al colegio con reservas. Saben que pueden meterse en un lío si un chico les pasa el brazo por el hombro: «No les gusta, les parece mal. Es una exageración. Como si nos fuesen a hacer algo, tocarnos o así». Mientras, el conselleiro de Educación mostró su apoyo a la medida si es fruto de un acuerdo de la comunidad educativa. La ministra Pilar del Castillo apuntó que «cuando ha habido una decisión de esta naturaleza no será una ocurrencia o frivolidad, sino que habrá razones para tomarla».