Un vecino de Santiago que vivía a todo trapo es el supuesto autor de, al menos, media docena de detallados atracos en los que llegó a obtener 270.00o euros
12 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Mortadelo a su lado es un aficionado. Con un peluquín rojo cobrizo, unas gafas de pega, lentillas de colores, una pistola de fogueo y gasolina, un vecino de Santiago se pasó varios años atracando sucursales bancarias de pueblo a diestro y siniestro. Como poco, el botín de sus golpes, muy estudiados, asciende a 270.000 euros, que son 45 millones de las pesetas de antes. Y no se trata de un atracador al uso, sino de un ciudadano bien, que presumía de conocer a la élite de Compostela, que se paseaba en su yate por las aguas de Portosín y que decía ser director comercial de una empresa madrileña de nombre impronunciable. Pero cayó de maduro. Agentes de la policía judicial de la Guardia Civil mantienen que Fernando Alberto Pérez Fernández, de 45 años y con domicilio en un exclusivo edificio de la calle Rosalía de Castro de Santiago, está detrás de, al menos, media docena de atracos. Se cree que es la persona que asaltó en marzo de 1999 la oficina de Caixa Galicia en Baio-Zas, llevándose 18.000 euros; la sucursal de Caixanova en Cee, donde en abril de ese año se hizo con 28.000 euros; del atraco a la oficina de Caixa Galicia en Arca-O Pino, ocurrido en octubre del 2000, con un botín de 45.000 euros; de otro asalto, en noviembre del 2001, a la sucursal de Caixanova en Vilalonga (Pontevedra), donde obtuvo 54.600 euros; y de su golpe maestro: el atraco a la sucursal de Caixanova en Ordes, ocurrido hace ahora un año, de la que se llevó nada menos que 120.000 euros. La Guardia Civil dice que cuando fue detenido, el pasado martes poco antes de la dos de la tarde, Fernando Alberto iba a pasar por caja de nuevo, esta vez en la sucursal de Caixa Galicia en Rivadulla (Vedra). Iba caracterizado como una mezcla de Clark Kent y Alfredo Landa en Manolo La Nuit : gafas, su famoso peluquín de color rubio cobrizo y lentillas azules. Llevaba encima, en una mochila, una pistola de fogueo, unas botellas de gasolina, un auricular de teléfono móvil y bridas de plástico para atar a sus víctimas, objetos descritos por testigos de varios atracos. Cerca de la sucursal se localizó el vehículo que usaba, un BMW, donde guardaba su particular armario de carnaval: dos bigotes, varios juegos de lentillas de color azul y prendas variadas. Según informó la Guardia Civil, en algunas de sus acciones se había colgado de la oreja un auricular y así, conectado, le decía a los empleados de las cajas que tenía pinchadas las frecuencias de comunicación de las fuerzas de seguridad. Y que si a alguien se le ocurría darle a la alarma, ¡Dios la que se iba a montar! Otras veces encerraba a las víctimas en alguno de los departamentos de la oficina, preferentemente el váter, y vertía gasolina en la puerta. Luego les decía que había dejado una vela encendida sobre el combustible y que, si intentaban abrir, habría churrasco para todos. Todo de boquilla, porque nunca llegó a causar daños. Todo estudiado Y por exceso de preparación lo pillaron: reconocía al detalle las posibles vías de escape, hacía un seguimiento previo de las costumbres de los empleados, de las horas de apertura y cierre, de la hora de mayor o menor afluencia de clientes... Y en esas andaba cuando los vecinos sospecharon: un fulano con peluca que ronda durante varios días una caja de ahorros de Rivadulla, o es el Dioni o el mismísimo Rey León. Alarmados, llamaron a la Guardia Civil, que lo sometió a discreta vigilancia hasta que cayó «por los pelos».