El trono por un amor

GALICIA

El segundo hijo de la reina Beatriz de Holanda renunció a su derecho de sucesión al conocerse que su prometida había sido amiga de un narcotraficante

10 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Si usted fuese tan afortunado, pero tanto como para ganar por su cara bonita un millón de euros al mes desde que nace hasta que muere, y pongamos que fallece a los 82 años, sólo necesitaría cuarenta vidas más igual de dichosas para amasar la fortuna que posee la familia real de Holanda. En 1999, la revista Forbes valoró la riqueza de la reina Beatriz en 40.000 millones de euros, lo que la convierte en la mujer más rica del mundo, muy por encima de otra gran competidora, Isabel II de Inglaterra, que según la misma fuente posee un caudal de 460 millones de euros, después de descontar el valor de las joyas de la Corona, que al fin y al cabo pertenecen a sus súbditos. Cuando alguien maneja un presupuesto equivalente al de varios países del tercer mundo y encima es jefe de Estado, parece razonable que a quien se le acerca le averigüen incluso el número que calza. Y en Holanda se ha convertido ya en una costumbre el escudriñar públicamente a quien se coloca a menos de cincuenta metros de distancia de su querida soberana. De amistad a amor Mabel Wisse Smit, una muy rubia y no menos inteligente joven que trabaja en una oficina de Bruselas al servicio del gurú de las finanzas George Soros, es la protagonista del nuevo escándalo que está causando migrañas en la Casa Real de los Países Bajos. Cuando el pasado mes de junio se anunció su compromiso con el príncipe Johan Friso, el hijo mediano de la reina Beatriz y segundo en la línea de sucesión al trono, los servicios secretos holandeses ya sabían que en su pasado había algo que podía traer problemas. Y no se trataba de fotos subidas de tono, como las de Mette-Marit de Noruega, ni siquiera de una relación circunstancial con algún dictador bananero, como la que unió al padre de Máxima de Holanda con los militares golpistas de Argentina. Esta vez el contratiempo se llamaba Klaas Bruinsma, y digo se llamaba, porque Bruinsma era un conocido narcotraficante que fue asesinado hace doce años frente al hotel Hilton de Ámsterdam. Sin embargo, las vidas de Bruinsma y de Mabel Wisse llegaron a cruzarse, hasta el punto de que ella llegó a admitir una cierta amistad con el narco, derivada de la afición de ambos a la vela. La escrupulosa Casa Real holandesa tomó nota de esta mancha, aunque parecía dispuesta a pasarla por alto hasta que apareció un tal Charlie da Silva, del que no se conoce ocupación más reputada que el haber sido esbirro del susodicho capo, pregonando a sueldo en varios medios que entre su jefe y la que estaba llamada a convertirse en futura princesa existía una relación sentimental. Y la cosa, comprenderán, tomó otro color, hasta el punto de que el Gobierno holandés desautorizó la boda real, prevista para principios del 2004. La decisión Pero en estos momentos tan difíciles es cuando un príncipe tiene que jugársela. Y el dignísimo Johan Friso Bernhard Christiaan David y no se cuánto más-que es de la quinta del Príncipe de Asturias- se plantó ayer en seco para anunciar que seguía enamorado y que estaba decidido a renunciar a su derecho al trono, un gesto que sin duda le honra. Claro que este ingeniero aeronáutico y economista, pese a su condición real, también ha sabido ganarse muy bien la vida en un gabinete de asesores financieros de Ámsterdam. Porque si de algo tiene fama es de currante. Y aunque no lo fuera, malo sería que la familia no le echara un cabo. Quizás su abuelo Bernhard, padre de la reina, podría cumplirle algún caprichito, pues basta recordar que cuando cumplió 88 años se regaló un Ferrari de 300.000 euros capaz de alcanzar los 300 kilómetros por hora. Como publicó en su día el diario británico The Guardian, «a su edad se hace difícil el caminar».