El mundo a los cuatro vientos Los Archivos Nacionales Británicos cuelgan en su web un millón de documentos antiguos, entre ellos el testamento de Napoleón y el del autor de «La tempestad».
16 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Hay británicos cuya afición es pasar largas horas en chubasquero, apuntando en una libreta los números y nombres de todas las locomotoras del país. Otros trasladan esta obsesión a los aeropuertos, y observan el ir y venir de aviones, apuntando y coleccionando nombres, compañías, modelos... Desde ayer existe otra nueva raza de empedernidos aficionados a insólitas actividades: la de aquellos que se dedicarán a navegar por cientos de páginas web de los Archivos Nacionales Británicos en busca de información sobre los personajes que fueron alguien entre 1384 y 1858. Los Archivos Nacionales acaban de colgar en Internet más de un millón de documentos, entre ellos docenas de últimas voluntades, para la lectura y regocijo (¿puede haber regocijo?) de quienes ya han apuntado los nombres y números de todas las locomotoras del país. Sí, desde luego esta afición es más entretenida que la de pasarse bajo la lluvia las tardes de domingo, oliendo a sándwich de gambas y bebiendo té de un termo. Por una módica cantidad -tres libras, unos cinco euros- , se podrán estudiar, leer y disfrutar los deseos póstumos de personajes históricos como William Shakespeare, en cuyo testamento, redactado un mes antes de su muerte, dejaba su segunda mejor cama a su mujer, Anne Hathaway, y legaba varios objetos a sus vecinos. Es uno de los tres únicos manuscritos del mundo con su firma. Insomnio También se pueden leer, si se sabe inglés antiguo y se sufre de insomnio, documentos personales y hasta páginas de los diarios de Jane Austen, Oliver Cromwell, sir Francis Drake, sir Christopher Wren, el almirante Horatio Nelson y Napoleón Bonaparte. Se pueden aprender curiosidades incluso de los testamentos de individuos casi desconocidos, como John Julius Angerstein, un banquero que vivió entre 1735 y 1822 y que, cuando murió, donó al Gobierno británico sus 38 cuadros. Fue el bautismo de la National Gallery. Hasta ahora, toda esta información estaba disponible al público, pero para consultarla había que presentarse en persona en los Archivos Nacionales. Tras un laborioso trabajo de dos años, estudiosos y curiosos podrán acceder a ella desde sus ordenadores personales. «La iniciativa lleva la historia a nuestras casas», aseguró ayer el historiador Tony Robinson. También puede ayudar a quienes trazan árboles genealógicos o a quienes desean conocer el lugar en el que fue enterrado alguno de sus antepasados. En www.pro.gov.uk también hay documentos guardados bajo llave los últimos treinta años. Por ejemplo, los nombres de todos los soldados que sirvieron en el ejército británico en la Primera Guerra Mundial.