NUESTRO centro geográfico más próximo cae por Melide (A Coruña). El siguiente hay que buscarlo por Madrid y, a pocos kilómetros de Varsovia, recae el epicentro del continente europeo. Como los Urales por el noreste, Galicia por el suroeste es el final del mundo para cualquier polaco. Pero resulta que somos cuspidiños. Cracovia es como Compostela antes de que la peatonalizara Xerardo Estévez. Y la región polaca de Galitzia es como era ésta en los tiempos en que no se saneaban las vacas. Porque también en el asunto de la proliferación de vacas y tractores nos parecemos los galicianos y los galitzianos. Desde que ayer los polacos integran el club de la UE, las distancias se acortarán con dos andanadas de fondos europeos, que le pondrán a Cracovia circunvalación y trenes nuevos. Y crotales a todas las vacas que queden vivas después de un riguroso saneamiento. En el acelerón civilizador, los conductores polacos de tractores lucirán chalecos reflectantes. Galicia y Galitzia tienen en común ser pobres entre regiones ricas. La distancia entre ellos y nosotros se marcó a nuestro favor con la inyección de casi veinte años de fondos europeos, convertidos en autovías, colegios, hospitales, paseos marítimos,... y parcelarias. Pagaba Europa, inauguraba Fraga. La llegada de diez nuevos países pobres a la UE nos hace más ricos por un perverso efecto estadístico -la renta de un gallego salta del 68% de la media europea al 73%-. A pesar de llegar por detrás setenta millones de almas, Galicia entrará, quizá por última vez, en el bombo del próximo reparto de fondos europeos, porque su PIB por habitante no supera todavía el listón del 75%. Como la olla de caldo es la misma y los comensales son muchos más, sobra un sexto sentido para concluir que tocarán a menos cucharadas por barba. Primera luz roja. Las exportaciones gallegas a esos diez nuevos mercados no compensarán la inversión extranjera que sustituirá a Galicia por Galitzia, fruto de su centralidad continental y de sus aún más bajos salarios. Segunda luz roja. Y tercera luz roja: Fraga, Touriño y Quintana, contagiados de talantitis, prefieren hablar exclusivamente del Estatuto.