Estudia la idea de una sucesión hecha desde el poder bajo la tesis de que CiU perdió la Generalitat el año pasado porque su gran líder no concurrió a las elecciones
16 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?n la flamante residencia de Monte Pío, estrenada en marzo del 2002, Fraga escuchó a muchos dirigentes de su partido pedirle que reconsiderara lo que entonces parecía una decisión irrevocable. «Presidente, le necesitamos», le decían con la vista de las torres de la catedral compostelana al fondo. «Ya no puede ser», les respondía un Fraga que hablaba de sus proyectos. De culminar el fortalecimiento de la estructura del PP gallego, por encima de los feudos provinciales. De hallar un sucesor, justo cuando las opciones de un Cuíña todavía conselleiro se esfumaban día a día. Y de escribir el último tomo de sus memorias, para el que barajaba títulos que podían jugar con la idea del término, en el Finisterre peninsular, de una prolongada vida pública de más de medio siglo. Fraga era rotundo en su apuesta por la retirada tanto en la intimidad como en público. En los peores tiempos del Prestige, en aquella tenebrosa Navidad para un hombre que acababa de cumplir 80 años en uno de los peores momentos de su carrera política, trascendió que Fraga había pedido en Madrid un trato especial para Galicia a fin de poderse «retirar con dignidad». «O presidente quere...» Aznar, al rechazar los continuos llamamientos de Fraga para que no se retirara, había puesto al político vilalbés en una situación muy difícil. Años atrás, antes de las autonómicas del 2001, había expresado en algunas entrevistas su idea de resistir hasta el final, para «morir con las botas puestas», como los grandes toreros, que «mueren toreando». Por eso, había quienes desconfiaban de la aparente determinación fraguista de recluirse en Perbes a partir del otoño del 2005. Tras el Prestige, llegaron las municipales del 2003, en las que el PP salió mucho mejor parado cualitivamente que en el recuento matemático de los votos. Las expectativas de la oposición eran tan altas que los populares salieron a flote pese a bajar cuatro puntos porcentuales y sufrir la primera derrota ante la suma de PSOE y BNG de la era Fraga. Las declaraciones sobre la sucesión se fueron revistiendo de ambigüedad, mientras en el entorno más cercano de Fraga se reconocía que las cosas habían cambiado. «Si, pode ser certo que o presidente se queira presentar», admitía un conselleiro a primeros de marzo de este año. Añadía que «non vai poder, a non ser que Mariano (Rajoy) non teña a maioría absoluta e quede nunha situación moi complicada para gobernar en Madrid. Mariano non estaría en condicións de pilotar a sucesión en Galicia e amosaríase que as retiradas dos líderes son moi perigosas para os partidos». Si Fraga hacía realmente ese cálculo, Bin Laden se lo destrozó con la masacre que le dio la victoria al PSOE en las generales. Los espectaculares resultados de Zapatero en Galicia alimentaron un nuevo e inédito fantasma, el del miedo a perder en las urnas. Por eso, una parte de quienes le pedían que se presentara dejaron de hacerlo, bajo un sincero pensamiento: «La carrera de Fraga no puede terminar con una derrota». Otros, sobre todo quienes saben que sus puestos peligrarían con un cambio de jefe, seguían insistiendo. Ya antes de las europeas, en algunas charlas con los pocos dirigentes del PP que pueden presumir del título de «amigos de Fraga», éste había dejado de hablar de los planes para la retirada, mientras introducía un nuevo argumento sobre las sucesiones y sus riesgos: el ejemplo catalán. Fraga ha comentado en algunos banquetes, con gente de dentro y de fuera del PP, que CiU ya no gobierna en Cataluña porque Jordi Pujol se retiró y dejó paso a Artur Mas. Se trata de una tesis discutible porque el desgaste de CiU en favor de Esquerra ya viene de lejos. Tal vez Fraga tenga razón porque quizá Carod Rovira, líder de ERC y árbitro de la política catalana, no se hubiera atrevido a destronar a Pujol en favor de Pasqual Maragall. Sea correcta o no la argumentación, constituye otra muestra del giro que ha dado Fraga durante este año. Últimamente habla de su determinación de «seguir a disposición del pueblo gallego». Parece que se quiere presentar. Pero hay quien advierte: «O vello é moi listo; non sabes por onde vai saír».