Más autoestima que subvenciones

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GALICIA

Reportaje | Ferrol y Newcastle, dos modos de afrontar el ajuste industrial (2) Proporcionar a las empresas información y asistencia técnica y financiera, y ofrecer un entorno agradable son estímulos de éxito comprobado en la captación de industrias.

14 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

«No funciona. Lo de dar ayudas económicas a las empresas, sin más, para que se asienten en un lugar, no es lo más adecuado». El director de Negocios de One NorthEast, la agencia que lidera la recuperación industrial de Newcastle, habla como si hubiera conocido en persona la decepcionante experiencia ferrolana de los años ochenta, con intentos como el Fondo de Promoción de Empleo, Zona de Urgente Reindustrialización y, finalmente, Zona Industrial en Declive. Hoy mismo está en el aire la continuidad de Italtel, una empresa que recibió importantes ayudas para su instalación en As Pontes. Lo mejor, se explica David Allison, es proporcionar un entorno acogedor. Es como configurar un puzzle, en el que la única pieza que falta es la empresa. El resto está todo. El empresario debe percibir que ese es su sitio, que ya tiene materias primas, clientes, desarrollo tecnológico y patentes con centro de transferencia de tecnología de la universidad, gente formada, apoyo financiero -no sólo darles dinero, sino que sepan que van a tener créditos y ayudas financieras para sus proyectos de mejora empresarial-, cultura y entorno agradable para vivir, medio ambiente cuidado, etcétera. Necesidades energéticas cubiertas, reciclaje de residuos, apoyo teórico y consejos y orientaciones solventes. El éxito de una empresa depende en un 20% del trabajo, y el resto, a partes iguales, de la tecnología y la habilidad para captar nuevos mercados. Esta máxima que manejan en el ONE parece ir un punto más lejos que los conocidos polígonos industriales. En opinión de Allison, todo el mundo sabe con claridad lo que tiene que hacer. «La diferencia es cómo se pone en práctica. Mire, hay que tener muy claro lo que se quiere hacer y tener una voluntad muy firme de llevarlo a cabo. No se puede estar probando con diferentes objetivos. Es preciso tener confianza en algo y rodearse de un grupo de gente que tire del carro. A veces el trabajo no es popular, pero, insisto, hay que creer en ello». Lo cierto es que la autoestima de los habitantes de Newcasle es de una densidad que se palpa. Desde la presencia de gallardetes, pabellones y banderas de los regimientos de Northumbria que combatieron en los más diversos campos de batalla, hincadas en el lateral de la nave principal de la catedral anglicana de San Nicolás, hasta las placas conmemorativas de las fachadas. Desde el homenaje al pelotón ciclista que sirvió en la Primera Guerra hasta el recuerdo del paso de Eça de Queiroz por una casa de la calle Grey, «en la etapa más fecunda de su creación literaria». Desde la vanidad por su equipo de fútbol hasta la arrogancia con la que presentan las bondades de su cerveza, semitostada, afrutada con regusto a manzana pasada y un buquet floral lleno de matices. Un brebaje delicioso que, en el pub Crwn Posada, local de más de 230 años de antigüedad, puede ser memorable, aunque su mingitorio tenga toda la pinta de ser el original del XVIII. Tal vez en este sentimiento colectivo radique el sustrato de una voluntad a prueba de reconversiones. Porque la crisis desencadenada por el Gobierno conservador de Margaret Thatcher con la reconversión naval no le anduvo a la zaga a la padecida en los años treinta con la gran depresión. Las ciudades del valle del Tyne, especialmente Gateshead y Jarrow, fueron las que acusaron con más gravedad la situación. La comarca también se repuso en aquella ocasión. El diagnóstico de One NorthEast incide en este aspecto. «Ahora tenemos que elevar las aspiraciones de la gente, su autoestima», afirma un portavoz. De momento, Newcastle se ha situado a la cabeza de la renovación urbana y ha recuperado espacios desechados por la industria, para ocio, cultura y negocios.