Las herederas de Evita, a la greña

La Voz

GALICIA

El mundo a los cuatro vientos Las mujeres del actual presidente argentino y del anterior enfrentan a la familia peronista al pretender el mismo puesto de senadora por la provincia de Buenos Aires

25 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando alguien le preguntaba qué opinaba de los peronistas, el escritor Jorge Luis Borges solía responder: «No son ni buenos ni malos, son incorregibles». Estos días, los argentinos ven cómo la mujer del presidente Néstor Kirchner, la senadora Cristina Fernández, disputa el puesto de senadora por la provincia de Buenos Aires a la esposa del ex presidente y actual jefe del Partido Justicialista (PJ), Eduardo Duhalde. Para poder comprender este enfrentamiento, hay que saber que Kirchner llegó al Gobierno porque Duhalde le dio los votos de la provincia bonaerense, el territorio clave para ganar cualquier proceso electoral en Argentina y en el que el ex presidente es todo un caudillo. En aquel acuerdo quedó claro, o al menos eso parecía, que Kirchner gobernaría el país y Duhalde mantendría su poder en Buenos Aires. Aferrada a este pacto, la mujer del ex presidente, la diputada Hilda Chiche González de Duhalde, se preparaba para lanzar su candidatura como senadora -con el obvio respaldo de su esposo- en las próximas elecciones legislativas de octubre del 2005. Contaba con la fuerza de sus «manzaneras», las mujeres encargadas de administrar la ayuda social con un claro propósito de mantener el control de un electorado más que valioso. Pero a comienzos de este año, Kirchner encargó a su hermana Alicia, ministra de Desarrollo Social, la administración de estos importantes fondos para desplazar poco a poco a las «manzaneras» de Chiche y conseguir la adhesión de esos sectores sociales «a una posible candidatura de Cristina». La mujer de Duhalde advirtió enseguida la maniobra y utilizó los medios de comunicación para denunciar la encerrona, haciendo notar que Kirchner «está donde está gracias mi esposo». El enfrentamiento quedaba servido. La primera demostración pública de que el combate había comenzado fue en el anterior congreso del Partido Justicialista. Cristina Kirchner fue abucheada por buena parte de los asistentes (mayoría duhaldista) y atacó a Chiche repudiando «a las mujeres portadoras de apellido». Hilda Duhalde pidió, presta, la palabra para decir: «Me siento orgullosa de ser una mujer portadora de apellido». Los rumores de que Cristina Kirchner aspiraría a un puesto en el Senado se han visto aventados por el propio Gobierno. Hace unos días, Chiche Duhalde confirmó que «hay operaciones mediáticas muy fuertes» para garantizar el éxito de la candidatura por Buenos Aires de la mujer del presidente, actualmente senadora por Santa Cruz. Mientras tanto, los peronistas ya están moviendo ficha. El gobernador de la provincia más importante del país y territorio en disputa, Felipe Solá, ha tomado partido por la mujer de Kirchner hasta el punto de señalar: «Cristina es muy diferente a Chiche y tiene mayores posibilidades electorales. Chiche tiene una concepción de la militancia política más antigua». La mujer de Duhalde no ha tardado en contestar: «Solá no puede olvidar que me vino a buscar para que lo apoyara en las elecciones a gobernador y ahora resulta que soy vieja». A partir de marzo, la batalla se desarrollará sin tantos remilgos. Una de las dos mujeres fuertes del peronismo tendrá que dar un paso atrás.