LA ÚLTIMA vez que los coches invadieron los jardines y los prados de los alrededores de Lavacolla aún gobernaba Laxe.
22 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Diez mil automóviles, según las crónicas de la época, bloquearon el aeropuerto en la tarde del 7 de mayo de 1988. El acontecimiento congregó a una marabunta de gallegos. Había boinas, birretes y palestinas ceñidas al cuello. El Concorde aterrizó, despegó y nunca jamás volvió. El nuevo hito aeronáutico tiene nombre de habitación de hotel: A380. El pájaro de aluminio y fibra de vidrio comenzará a transportar de vez a 555 seres el próximo año. Como ahora ya no se va en masa a los aeropuertos a ver aviones porque se pilotan en la play station, serán menos los gallegos que se frustren con la larga espera. Porque el nuevo Airbus sólo operará de momento en los aeropuertos de Madrid, Barcelona y Málaga; los tres ángulos del triángulo próspero de la península ibérica. La fractura entre el noroeste y el mediterráneo españoles se expande a tal velocidad que hasta se aparece detrás de la presentación de un avión en Toulouse. El mismo martes que Airbus destronaba a la Boeing con un nuevo gigante de la aviación comercial, Condoleezza Rice se convirtió en la primera secretaria de estado mujer y negra de EE.UU. El antiamericanismo infantil de moda jibarizó a la jefa de la diplomacia, en el día de su toma de posesión, hasta dejarla del tamaño de uno de los halcones de Donald Rumsfeld. Una talibana, a secas, porque además no se habla con Moratinos. La fractura española con Estados Unidos será temporal, pero la que agranda las diferencias territoriales entre noroeste y sureste no. La primera dependerá sólo de que transcurran los cuatro años de mandato de Bush, si Zapatero no se viene abajo antes. La segunda es efecto de una tendencia que no se resuelve con un cambio de unos por otros. Porque ya era así desde antes del primer vuelo comercial del Concorde y seguirá siéndolo en los tiempos que vienen de reinado del A380.