Adiós a la gran ejecutiva

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El mundo a los cuatro vientos Carly Fiorina, la directiva más prestigiosa de Estados Unidos, dimite de la presidencia de Hewlet-Packard presionada por el consejo directivo, que no le perdonó su ambición

09 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Son las dos caras de la misma moneda. Un día tu nombre aparece en la lista de las personas más poderosas y al siguiente pocos se acuerdan de ti. Carly Fiorina ha sido la última víctima decapitada por Silicon Valley, que no permite saltos al vacío. Esta ejecutiva de 50 años, casada y con dos hijastras, presentó ayer su renuncia como presidenta y directora ejecutiva del gigante Hewlett-Packard. Su salida estuvo forzada por las diferencias que matenía casi desde que llegó al puesto en 1999 con la junta directiva, que no le ha perdonado su ambición, que no ha olvidado sus promesas rotas. Quien fuera considerada hace unos años las mujer más respetada de la América corporativa, ha cedido a las leyes del mercado. «Pese a que lamento marcharme y tengo diferencias con la dirección sobre la ejecución de la estrategia de HP, respeto sus decisiones», afirmó en un comunicado de despedida en el que deseó lo mejor para sus antiguos compañeros. La noticia corrió como la pólvora de costa a costa y fue bien recibida por analistas y por Wall Street. Así, el estratega Peter Sorrentino, de la firma Bartlett & Co, afirmó: «Era un movimiento que esperábamos hacía tiempo», mientras que las acciones de la marca subían un 10 por ciento nada más abrir el parqué. Suspicacias Pese a que la llegada de Fiorina -licenciada en historia medieval y filosofía por Stanford y con un master del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en el bolsillo- a la compañía llenó portadas de periódicos y semanarios en todo el país, pronto comenzó a levantar suspicacias en el corazón de Silicon Valley, donde la heterodoxia tiene un límite. Sus ambiciosos planes para sacar a HP del tradicional negocio de impresoras y convertirla en una competidora global en el apretado mercado de fabricantes de ordenadores no fueron bien vistos, ni siquiera por William Hewlett y David Packard, familiares de los fundadores y que controlan el 18 por ciento del accionariado. La guinda la puso cuando se empeñó en impulsar la fusión con Compaq, aprobada por un escaso margen en marzo de 2002 y valorada en 21.000 millones de dólares. Desde entonces, el precio de los títulos de la compañía con sede en Palo Alto (California) comenzaron a caer y los beneficios de la que era la joya de la corona , la división de impresoras, se diluyeron en los balances, cada vez más exiguos. Tampoco dio los resultados prometidos su incursión en el mundo de la consultoría, donde se encontró de frente con IBM. Palabras bonitas La frustración comenzó a apoderarse de la cúpula directiva que después de analizar la situación en varias reuniones, decidieron dar el paso e invitar a Fiorina a abandonar su despacho. Lejos quedan ya sus palabras en el reciente Foro Económico Mundial celebrado en Davos, Suiza, acerca de un artículo publicado el pasado 24 de enero en The Wall Street Journal en el que se daba por hecho su despido. «No son nada más que especulaciones», dijo entonces. Ahora, y hasta que encuentren a un sustituto definitivo para dirigir la empresa, llevaran las riendas de la marca Robert Wayman, un hombre de la casa y actual director financiero, y Patricia Dunn, nueva presidenta no ejecutiva. «Fiorina llegó a HP para revitalizar la compañía. Tuvo una visión estratégica y llevó a la práctica un plan que ha dado a HP capacidades para competir y ganar. Agradecemos su liderazgo y esperamos ahora acelerar la estrategia de la compañía», señaló la dirección de HP para certificar su decisión. Bonitas palabras para adornar un despido.