Tormenta en un vaso de vino

GALICIA

No entiendo nada Galicia ha conseguido en pocos años una bodega de excelente calidad, pero la madurez no ha llegado todavía al sector ni a quien debe dirimir las diferencias.

13 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Hace veinticinco años, Galicia no contaba con un mal vino. Mejor dicho: malos tenía muchos. Ninguno sobrepasaba la categoría de peleón. Hoy, sin embargo, puede presumir de una excelente oferta, capaz de competir en los mercados más exigentes. El drástico giro del matute a la calidad no se debió a un milagro. Ni siquiera al márketing, porque era imposible engañar a nadie con aquellos brebajes. Fueron el trabajo y la nueva mentalidad los que hicieron posible esa transformación. Con la misma tierra, el mismo clima y la misma materia prima, los vinos gallegos pasaron de la prehistoria a la edad contemporánea. Los cosecheros de O Ribeiro, de las Rías Baixas y de Amandi dejaron de primar la producción para el consumo en grandes cantidades y se pusieron a cuidar la elaboración. Se hicieron mayores. Sin embargo, hoy se están comportando como niños. Basta verlos estos días, enzarzados en una infantil disputa por ver quién es el propietario de un regalo de la naturaleza. ¿Y qué hacen los niños cuando se pelean? Exactamente lo que estamos viendo: recurrir a papá o a mamá. -¡Papaxunta, papaxunta, Ribeiro me quiere pegar! Lo peor en esta historia, sin embargo, no son los niños, sino la actitud del mediador. Si quisiera enseñarles a resolver sus diferencias, habría dicho: -Ribeiro, Albariño, venid aquí inmediatamente y explicadme qué está pasando. Pero, en lugar de reunir a ambas partes y mantener una posición ecuánime, prefirió inclinarse hacia uno de los hijitos: -¡Ribeiro, castigado por querer pegarle a Albariño! ¡Y no me rechistes! Con los métodos de papaxunta, los niños difícilmente se harán mayores. Cuando lo sean, sabrán que cada uno puede elaborar todo lo que la ley y la sabiduría les permitan. Y que los únicos que pueden dar, quitar o repartir razones son los consumidores. Esos sí que no son menores de edad.