No entiendo nada Mientras la Unión Europea reconoce su fracaso en la lucha por conseguir el pleno empleo en el 2010, en Galicia florecen las promesas ilusorias.
27 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La primera virtud de un buen gobierno democrático se llama ilusión. La segunda, realismo. Cuando ambas se mezclan a partes iguales y se equilibran, los grandes estadistas suelen decir: «Soluciones, soluciones, tráiganme soluciones». Cuando se descompensan, los políticos ya no son tan grandes y su frase favorita pasa a ser otra: «Titulares, titulares, tráiganme titulares». Galicia está metida de lleno en precampaña electoral, y en ella se puede hablar de cualquier cosa, menos de realismo. Por eso nos sorprenden con titulares. El más efectista de los últimos días surgió del retiro de Ribas de Sil, y señala que en el 2010 (nótese que sólo faltan cinco años) alcanzaremos el pleno empleo, porque se habrán creado 120.000 nuevos puestos de trabajo. Ilusión. El realismo llegó sólo dos días después. Los líderes de la UE reconocían que sus planes para erradicar el paro están fracasando. Se los sacaron de la manga en el 2000, cuando inventaron la Estrategia de Lisboa, y el balance, a mitad de camino, es -como ellos mismos dicen- lamentable. Bien. Y, puestas así las cosas, ¿qué hacer? ¿Dejarnos llevar por la ilusión de los optimistas o hundirnos en la depresión de los realistas? Los gallegos no podemos hacer ni una cosa ni otra. Tenemos 150.000 desempleados desde hace más de veinte años y no podemos condenarnos a convivir con semejante aberración. No podemos hacer recaer eternamente el peso del paro sobre las familias. Ni esterilizar la fractura social cultivando el subsidio improductivo. Si ha fallado la Estrategia de Lisboa, habrá que inventar la Estrate gia de Santiago. Pero bien apartada de las ansias electoralistas. Sería preciso diseñar en el Parlamento, con el concurso de todos, el Plan Estratégico del que Galicia todavía carece. Determinar cuáles son nuestras riquezas y cómo debemos prepararnos para hacernos necesarios en el mundo globalizado. Por ahí deberían ir las soluciones. Aunque algunos sólo piensen en convertirlas en titulares.