Cuatro disparos en el Vaticano

l. g. REDACCIÓN

GALICIA

El turco llegó a declarar que en el intento de asesinato hubo complicidad vaticana.

03 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

«Han matado al Papa». Primero fue un murmullo y después un griterío de personas que lloraban paralizadas o corrían presas del pánico. Era el 13 de mayo de 1981. Muy pocos en la plaza de San Pedro habían oído los cuatro disparos que sonaron a las 17.19 horas. Las cámaras de televisión no recogieron las imágenes. Juan Pablo II parecía haberse sentado en el coche descubierto en el que viajaba saludando a las 50.000 personas, que se apiñaban para verle. Pero había sido herido de gravedad, en el bajo vientre, por un joven turco de 23 años, Mohamed Alí Agca, que fue detenido allí mismo. No era el primer magnicidio intentado contra él, ni tampoco el último. Audiencia sangrienta A las 17.15, el Papa salió del Vaticano por el Arco de Campanas, para la audiencia general de los miércoles. Iba de pie en un coche descubierto, un Campagnola Fiat blanco, un papamóvil, saludando a los fieles. Cogió en brazos a una niña y el vehículo se detuvo. El Pontífice, entonces, se inclinó para acariciar a un niño y se oyó un disparo; después otros más. Eran las 17.19. Sólo los que estaban cerca vieron que caía herido. Los demás pensaron que se había sentado. El revuelo que se organizó se extendió por toda la plaza. Miembros del cuerpo de seguridad lo sostuvieron, pero sobre la sotana blanca se transparentó una gran mancha de sangre. Otros agentes detuvieron al joven que había disparado con una pistola. Después se supo que ya en 1979 había intentado asesinar a Juan Pablo II cuando éste viajó a Turquía. El coche arrancó hacia el Vaticano, donde entró y volvió a salir de inmediato para dirigirse a la clínica Gemelli. A las 18 horas, el Papa entró en el quirófano de la planta novena del centro hospitalario. Preguntó con voz débil: «¿Cómo han podido hacerlo?». La bala de 9 milimetros le había perforado por dos sitios el intestino, del que tuvieron que extirparle dos trozos. También le atravesó el hueso sacro, pero inexplicablemente se desvió respetando la aorta. Un segundo disparo lo hirió en el brazo derecho. Los otros dos disparos hirieron a Anne Odre, norteamericana, de 60 años y a Rose Hal, de 21, jamaicana. En la plaza de San Pedro cundió el pánico y se produjo una desbandada. Un sacerdote tomó uno de los micrófonos preparados para el Papa y pidió calma. Seguidamente,