Falso explosivo en Windsor

La Voz

GALICIA

ERIC FEFERBERG

El mundo a los cuatro vientos Dos periodistas de «The Sun» han logrado colarse en el escenario de la boda de Carlos y Camilla con una caja que llevaba una etiqueta en la que se leía «bomba»

07 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Carlos de Inglaterra y Camilla Parker Bowles pondrán mañana, a la hora del lunch en Inglaterra, el aperitivo en España, punto final a una larga, extraña y polémica relación de amor imposible con una boda cuyos preámbulos han estado plagados de vicisitudes, zancadillas, despropósitos y amenazas. Ha sido un amor que superó obstáculos del establishment como dos matrimonios, dos familias, una monarquía tradicionalista, la furia de una prensa sensacionalista, la opinión en contra de todo un país, varios funerales y la desaprobación silenciosa de la mayoría de las mujeres del planeta ( dianistas por naturaleza). Y porque no se trató de un noviazgo convencional tampoco será una ceremonia tradicional, ya que, como vaticina en broma el experto en la Casa Real del Daily Mirror, James Whitaker, «Diana será el fantasma de la fiesta». Tal como dijo la princesa difunta cuando calificó a Camilla «la tercera persona en su matrimonio», el de C&C también serán siempre tres. Será una boda a lo pobre para un príncipe que quizás nunca llegue a ser rey, para una concubina que se quedará en ama de casa; una boda entre comunes, sin pompa, sin los padres de él, sin otros monarcas que arropen un anacronismo, en palabras de los republicanos; unas nupcias a las que sólo el amor y la perseverancia, cobarde durante años, salvan de ser un mal capítulo de una novelucha de Barbara Cartland. Si alguien pensaba que la sarta de penitencias ocurridas desde el anuncio de la boda habían acabado, estaba equivocado. Ayer los británicos se despertaron con la sorprendente noticia de que un periodista y un fotógrafo de The Sun -la Carta Magna del periodismo sensacionalista- habían accedido al Castillo de Windsor como chicos de reparto en una furgoneta en la que llevaba una caja con la etiqueta de «bomba». Los dos penetraron hasta la Capilla de San Jorge donde se celebrará la ceremonia religiosa a pesar de la operación policial que costará unos 7 millones de euros y movilizará a unos mil policías. En Downing Street, que teme que la boda sea un objetivo terrorista, se exigió una inmediata revisión de los planes de seguridad mientras los cuerpos de seguridad se echan las manos a la cabeza por el paquete de la boda. El anuncio del matrimonio fue el pistoletazo a una sarta de gafadas que han sido la longaniza de los sensacionalistas y tema socorrido en las cenas de todo el Reino Unido. Ahí quedarán para los historiadores monárquicos el anuncio de Isabel II, madre del novio, de que no acudirá a la ceremonia; la polémica sobre si Camilla será reina de los británicos o sólo Mrs. Windsor; las acusaciones de Carlos contra la prensa y sus súbditos en un arrebato de cabreo poco flemático, y, cuando nadie lo esperaba, la necesidad de posponer la boda 24 horas por la muerte de Juan Pablo II. Pero la sarta de desgracias aún no parece haber finalizado. Además de tener que lidiar con un frente frío que desplomará mañana las temperaturas hasta los 6 grados, los cascaditos y mundanales novios se pueden quedar sin su viaje de novios. No es porque su compañía de vuelo charter haya ido a la quiebra o los plazos del piso obliguen a que el viaje a Bali se quede en un fin de semana en Toledo. Se debe a otro funeral (¿no hubiera sido más apropiado titular esta pieza «Una boda y dos funerales»?), el del príncipe Rainiero de Mónaco, al que Carlos y Diana... perdón, Camilla, se verán obligados a atender. Y, además, mañana se corre el Grand National, una fecha señalada en el calendario de los británicos que apuestan sus peniques mal ahorrados en los caballos. La carrera se ha tenido que retrasar 25 minutos para que no coincida con la boda. Lo lamentable es que se espera que los caballos sean seguidos por unos 18 millones de espectadores, el doble que los que se atreverán con la ceremonia religiosa posterior a la real boda civil.