No entiendo nada No es verdad que los impresentables desmanes verbales de los políticos se deban a la necesidad de reclamar respeto para la comunidad.
10 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La primera sorpresa ocurrió hace unos meses, cuando la ministra de Fomento arrojó su deleznable exabrupto. Las demás vinieron en las dos últimas semanas, cuando toda una institución política, como es el presidente de la Xunta, recurrió al lenguaje exaltado para defender -pretendidamente- los intereses de Galicia. Las bocas se han calentado tanto que han llegado a la más rutilante zafiedad. En primer lugar, no hace falta. Y en segundo, no es verdad que todos estos desmanes se deban a la necesidad de reclamar respeto para nuestra comunidad. Lo que ha desatado las agresiones verbales hasta hacer llegar a las instituciones el olor de las fosas sépticas no tiene nada que ver con los intereses de Galicia. Tiene que ver con la difícil encrucijada en que están metidos los políticos. Faltan 196 días para que los gallegos decidan en las urnas quién va a gobernar Galicia los próximos cuatro años, y, según las encuestas, por primera vez en muchos años, puede haber un vuelco político. Así que nos espera una campaña a cara de perro. Los que están recurrirán a toda su artillería para defender el castillo, y los que quieren entrar emplearán toda su munición para derribar las defensas. Lógico, siempre que se haga desde el respeto al juego democrático. El problema es que en esta ocasión hay un magnífico rehén. Se llama Plan Galicia. Señores políticos: las grandes obras que Galicia reclama no son de derechas ni de izquierdas. Tampoco van a convertirnos por sí solas en una comunidad próspera y paradisíaca. Constituyen, simplemente, el punto de partida para dejar de ser una tierra subsidiada y resignada al envejecimiento y a la emigración de los jóvenes. Por eso, ahora que aún es posible, deberían hacer un gran pacto que garantizase su cumplimiento y lo retirase del debate electoral. Sean creativos: construyan la campaña sobre sus programas; no sobre sus reproches. No nos condenen a perder más tiempo con esta bronca estéril.