Hacía falta que alguien nos alertara del peligro y nos recomendase nuestra propia receta para hacer de Galicia el país de futuro al que todos aspiramos.
08 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Conocemos todos la escena: la hermosa barca se desliza suavemente por el remanso del río, mientras sus ocupantes se solazan alegremente con total despreocupación. No sospechan que unos metros más abajo el remanso acaba abruptamente en catarata. Disculpen la licencia del primer párrafo. No era mi intención escribir una pieza bucólica ni asustarles con un cuento de terror. La barca, evidentemente, es Galicia. El remanso del río, la bonanza momentánea de la economía subsidiada. Los pasajeros amodorrados y felices, todos nosotros. Y la catarata, el colapso que nos espera si no remamos. Tenemos la suerte de que ya oímos el ruido. Pero, aun así, han tenido que venir cuatro perspicaces gurús internacionales a alertarnos. -Elijan ustedes adónde quieren ir -nos han dicho- y remen coordinadamente. Puro sentido común. Pero aún hay más: como se caracterizan por hacer bien su trabajo, los gurús nos han observado un momento desde la distancia y han hecho unas cuantas recomendaciones. La primera, la hélice: un aspa es la industria; otra, la universidad, y la tercera, el Gobierno. Si se ensamblan, está garantizada la propulsión. La segunda es elegir hacia dónde remar. En lugar de dar vueltas en círculo, debemos apostar por grandes sectores que nos hagan singulares y necesarios. ¿Los tenemos? Desde luego, pero abandonados. Nuestra mayor fortaleza es el gran nombre que tiene Galicia. Nos conocen por el mejor marisco, los mejores albariños, las mejores conservas, la mejor carne, los mejores paisajes, los mejores ríos, la mejor moda, la mejor cocina, el mejor carácter, las mejores gentes... ¿Quién mejor que Galicia para crear esa gran industria del estilo de vida? ¿Qué puede edificarse de más valor para asegurar el futuro de las próximas generaciones? Claro que para eso habrá que combatir el feísmo, la dejadez, la mediocridad, el desapego. Y esperar a que pasen las elecciones.