Ya hemos perdido un derecho

GALICIA

Aún desconocemos cuántas personas han muerto en Londres, pero sí sabemos que nos despojan de uno de los grandes logros de las sociedades democráticas

10 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Todavía hoy, cuatro días después de los execrables atentados de Londres, seguimos sin saber qué daños hemos sufrido. Inexplicablemente, desconocemos lo más esencial y todo lo accesorio. Ignoramos, en primer lugar, cuántas personas han muerto. Pero también quiénes eran, qué hemos perdido en este indecente horror, qué se está haciendo para dar con los culpables, cómo pudieron burlar los asesinos a todas las fuerzas de seguridad e inteligencia y de qué manera podemos prepararnos para impedir que se produzca la siguiente matanza en Roma, Copenhague o cualquier lugar del mundo. No es que no dispongamos de esa información. Es que nos la ocultan. En Londres, los ciudadanos hemos dejado de ser los principales actores del presente para convertirnos en personajes secundarios de un monstruoso juego de tablero. En anónimos peones que viajan en autobús o en metro. Bueno: esa es la segunda gran derrota que nos está infligiendo el terrorismo fanático. Y, encima, tenemos que oír que nuestros dirigentes (no lo olvidemos: nuestros servidores) lo hacen por nuestro propio bien. De repente, se han levantado innumerables elogios a la serenidad con que las autoridades británicas han reaccionado a los brutales atentados. ¿En qué consiste su mérito? Uno: en no inmutarse ante la catástrofe y seguir hablando en Escocia de cómo burlar el tratado de Kioto; dos: en paralizar el transporte y abandonar a los ciudadanos a su suerte; tres en apagar los móviles y dejar que cada padre, madre, hijo, hermano, amigo, solventase su propia angustia; y cuatro, en vallar y vedar todo acceso a la información. Dicen que lo hacen para que el horror no se convierta en pornografía. Pero no es cierto. Lo hacen para anestesiarnos. Nos ocultan todo, como se ocultan las desgracias a los niños. Y ya se sabe que los niños no deciden. Ni votan. Ni exigen responsabilidades.