Riesgo de una España quemada

Manuel Campo Vidal

GALICIA

La Xunta anuncia un plan piloto para recuperar el monte de Muros y Carnota

27 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Quienes entraron o salieron de Galicia la semana pasada por vía aérea pudieron contemplar el deplorable espectáculo de columnas de humo sobre el territorio y nubes oscuras de ceniza. Era una imagen alarmante de destrucción de riqueza -económica y medioambiental- que no ha dejado indiferente a la población. Al contrario: nadie cree que la ola de incendios, en Galicia, en Portugal o en tantos lugares de España, sea producto de la casualidad o de la torpeza de los excursionistas encendiendo barbacoas. «Tiene que haber una mano negra», es la conclusión popular más extendida. O más de una, pero lo cierto es que el fantasma de una España quemada comienza a aparecer y nos acompañará varios años debido al ciclo de sequía en el que hemos entrado. La alarma social ante los incendios crece y se percibe ya una exigencia de medidas drásticas para acabar con ese azote que nos retrotrae a épocas pasadas, en las que España era un país pobre y atrasado cultural y tecnológicamente. «Es este un país tan desgraciado en el que las inundaciones ahogan los gritos de dolor por la sequía», escribió en 1870 el ingeniero oscense Lucas Mallada en su libro Los males de la patria . A veces, esa dramática estampa amenaza con resucitar porque las ochenta mil hectáreas asoladas por el fuego como media de los últimos diez años ya han sido superadas y vamos camino de treinta mil más este año con especial incidencia en Galicia, León, Zamora y la cornisa cantábrica. Frente a esta catástrofe ecológica provocada casi siglo y medio después no basta con la lamentación y el anuncio difuso de medidas. Los incendios no son de este verano, las explicaciones a medias sobre sus causas tampoco y las modificaciones legales de los últimos años son claramente insuficientes. «Hace falta una investigación seria, muy a fondo, de las causas de los incendios y un refuerzo evidente del sistema punitivo para disuadir a quienes los provocan», declara a La Voz Julio Fernández Gayoso , director general de Caixa Nova. Sorprende una petición tan elemental porque revela que casi todo está por hacer. Y si no, léanse las recomendaciones al Parlamento de Castilla-La Mancha del Catedrático J osé Manuel Moreno , que ha recomendado campañas educativas en los colegios y la creación de un centro de investigación para que «lo que se aprende en un incendio sirva para evitar otros». Parece obvio. Sin embargo, algo importante se ha evitado en Galicia, al menos de momento: la politización de los incendios, algo que hubiera sido tan devastador como el fuego. A diferencia de Castilla-La Mancha, donde PP y PSOE se han enzarzado porque algún dirigente popular quiso aprovechar los once muertos del retén de Guadalajara para la revancha del Prestige , en Galicia se han contenido los instintos, a pesar de que todo estaba servido para la primera ofensiva política de la nueva legislatura. Fíjense si no: hasta la salida de Fraga de la presidencia y la llegada de Touriño , las informaciones hablaban de que este año Galicia escapaba bien del riesgo de incendios forestales y, de pronto, a las tres semanas del relevo, los bosques empezaron a arder por cien puntos distintos. Lo normal hubiera sido que unos hubieran dicho que con ellos no se quemaba el monte y que los otros hubieran deslizado que el desdén por el poder perdido incendiaba, vía intermediarios, los bosques. Quizás lo han pensado, pero al menos no lo han dicho públicamente. Esa inusual serenidad de la dirigencia política parece tener alguna relación con la acertada decisión del nuevo conselleiro de Medio Rural, el nacionalista Alfredo Suárez Canal , de anunciar, recién llegado al cargo, que no alteraría este verano la política antiincendios de sus predecesores. De ese modo, cualquier explotación política del fuego quedaba bastante neutralizada y cualquier debate a propósito, aplazado. Análisis de las causas Pero esa transitoria paz política no debe impedir ese análisis profundo de las causas de los incendios tal como reclama el director general de Caixa Nova. Y a continuación, el endurecimiento de las penas por terrorismo ecológico sea por interés personal o por encargo de terceros. En ese sentido, parece muy positiva la orden del Fiscal General del Estado, Cándido Conde Pumpido de nombrar fiscales antiincendios, allí donde sea posible, sin esperar a las nuevas reformas legales. Del mismo modo parece oportuna la movilización de más efectivos de la Guardia Civil Rural para detener pirómanos y, desde luego, son convenientes frases como la pronunciada por el Vicepresidente de la Xunta, Anxo Quintana: «Que sepan los pirómanos que vamos a por ellos». El monte se quema por muchas razones que hay que determinar pero ayuda a ello el sentimiento de impunidad con el que se mueven quienes deciden hacerlo y solo si llegan mensajes tan directos, puede empezar a cambiar la situación. En Galicia y en el resto de España hay demasiadas escenas como la que narraba a La Voz el diputado autonómico del PP Cesar Pérez Ares : «Regresábamos de madrugada de una boda y nos acercamos a un monte cercano donde se estaba apagando un incendio en un bosque muy cercano a unas casas. En la ventana, impasible, estaba mirando la operación de extinción un paisano que seguramente era el que había prendido el fuego. Sientes una sensación de impotencia».