«(F) é nosa»

LOIS BLANCO

GALICIA

DURANTE un curso sobre la sociedad agraria en Vilar de Santos, en una conversación accidental con una mujer que no dio su nombre, salió el tema de la luz, que es tan recurrente en la Galicia rural como hablar del tiempo.

24 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Era el jueves por la tarde. A aquella hora, en la comarca de A Limia nadie tenía idea de que Botín negociaba desde Madrid por varios teléfonos a la vez para vender al mejor postor el 22% de Fenosa. La mujer, que rozaría los cuarenta, contó que había nacido en Carballo y que, hace cuatro años, se trasladó a Ribadavia. El primer piso que alquiló en el pueblo tenía una cocina de butano. Al año siguiente, se cambió a otro más confortable pero con vitrocerámica. Los fogones eléctricos la hicieron dudar de si la mudanza sería buena elección. «Nada que ver con Carballo. ¡En tres anos non se me foi nunca a luz!», exclamó. La capacidad de sorpresa de la mujer es una constatación más de la relación que varias generaciones de gallegos han entablado en algún momento de su vida con Fenosa. En los setenta, ochenta y aún en los noventa, en este país incluso desarrollamos un código propio para interpretar los mensajes de Fenosa antes de que se fuera su luz. No era lo mismo que al apagón lo precedieran tres cortes breves o que la señal fuesen caídas sucesivas de tensión. A la fuerza, hemos crecido en viviendas en las que siempre había velas para suplir las bombillas. Después llegó la época de los planes Mega nunca concluidos del fraguismo . Muchos años antes, en cambio, ya habían construido embalses a pocos kilómetros de todos los lugares de Galicia. Pero aquella energía tan próxima y propia seguía pasando de largo sobre nuestras cabezas hacia la meseta. La sigla de Fuerzas Eléctricas del Noroeste Sociedad Anónima es un equívoco del destino. Porque resulta tremendamente similar a la expresión con la que reclamamos una propiedad: «(F) é nosa». Porque muchas generaciones crecieron con los bajones de tensión de Fenosa y con las expropiaciones para construir sus embalses, el final de los quiebros de Botín hasta dar con el mejor postor para su paquete de acciones ha provocado una decepción en la galaxia gallega. La posibilidad de regalleguizar la eléctrica en una operación encabezada por Amancio Ortega se quedó en una espontánea subida de tensión en la autoestima colectiva. El nuevo propietario del mayor paquete de acciones de Unión Fenosa, el tiburón Florentino Pérez, no tuvo que poner velas en los ochenta porque no se le iba la luz; Amancio Ortega y sus talleres, muchas. Si las grandes empresas tuvieran corazón, el de Fenosa se bombearía con agua de los ríos de Galicia. Por eso, la venta del 22% a una multinacional de la construcción ha sido una decepción compartida.