La ciudad recuerda con rosas y velas al famoso cantante en el 25 aniversario de su asesinato, y reivindica su genialidad y su vinculación a Manhattan.
08 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Según la Real Academia Española, un héroe puede ser «cualquier varón ilustre que sea recordado por sus virtudes o hazañas» o «un hombre que lleva a cabo una acción heroica». En la jornada de ayer, cientos de viandantes reivindicaron en Central Park un nuevo significado para esta palabra: «Se llamaba John Lennon y es el héroe de esta ciudad». En el 25 aniversario del asesinato del cantante un manto de velas, rosas y dedicatorias enterraba ayer el monumento de Strawberry Fields, dedicado a la memoria del artista y construido a petición de Yoko Ono pocos meses después del asesinato. Las bajas temperaturas no pudieron congelar el recuerdo del mítico cantante, que copó las portadas de todos los periódicos locales y consiguió concentrar a primera hora de la mañana a más de un centenar de personas alrededor del popular mosaico. Todo tipo de recuerdos En silencio, o con unos pocos acordes de sus canciones más famosas, los neoyorquinos rendían honores a la figura que mejor supo representar el espíritu de la ciudad. Nacido en Liverpool, y adoptado por Manhattan, Lennon fue asesinado el 8 de diciembre de 1980 a las puertas del edificio Dakota cuando un buscador de fama, llamado Mark Chapman, apretó el gatillo contra su espalda poco después de pedirle un autógrafo. «Lo mataron como un héroe», insistía un pintor callejero, mientras aseguraba a las cámaras que era amigo personal del cantante. Durante todo el día, y hasta bien entrada la noche, cuando tuvo lugar una vigilia, centenares de personas se acercaron al improvisado altar mientras depositaban objetos tan diversos como gafas de sol o manzanas verdes pintadas con el símbolo de la paz. Críticas a Bush Más allá de los mensajes de amor y paz, muchos aprovecharon la ocasión para pedir cuentas a la Administración Bush en un momento en el que el fantasma de la guerra sigue presente en la sociedad. En un enorme cuadro, situado en pleno centro del improvisado altar, una copia a papel de John Lennon pedía al presidente «Más humildad. Da una oportunidad a la paz», en recuerdo de la ideología pacifista del británico. También por la mañana, y compitiendo en atención con más de un personaje que acusaba a la CIA de la muerte de Lennon, un regimiento de españoles prófugos de la fiesta de la Inmaculada aprovechaban el día para curiosear. «Yo he venido de vacaciones, no sabía nada, pero me ha llamado mi padre que lo ha visto en la tele para que no me lo pierda», comenta Macarena, gaditana de 27 años. Maca, como la llaman sus amigos, tenía dos años cuando Lennon murió, su tío Francisco con quien se acaba de encontrar de casualidad en la tumba imaginaria del cantante, recuerda al ex beatle con más claridad: «Éste es de mi época. Por eso he venido a ver el homenaje, pero me parece que hay muy poca gente, ¿no?». El hombre tiene razón, a pesar de la fecha tan señalada, la afluencia de público es parecida a la de todos los años. En todos los idiomas Así lo confirma el vendedor de camisetas de la esquina de la calle 72: «Lo único que ha crecido en número son los periodistas», acierta a decir con acento asiático y cara de no tener ni idea de quién es Lennon. Considerando la guerra que han dado las televisiones la ignorancia del vendedor es toda una proeza, sólo comparable a la de las televisiones buscando la mejor historia. Una de ellas finalmente consigue una exclusiva cuando un judío empieza a entonar las notas de la canción de Lennon Imagine con un silbato. Como se ve, el heroísmo «es universal».