Expertos del País Vasco han llegado a la conclusión de que el hombre se embarcaba para pescar ya en el Mesolítico. Así lo acreditan los restos hallados en Jaizkibel.
13 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Los habitantes de la cornisa cantábrica se adentraban en el mar hace ya 8.300 años para capturar peces, un producto que constituía el 50% de su alimentación, según demuestran los estudios realizados sobre restos humanos hallados en diferentes yacimientos costeros de todo el litoral norte, desde Galicia hasta el País Vasco. Ésta es una de las principales conclusiones de expertos de las universidades del País Vasco, Oviedo, Cantabria, Alcalá de Henares, Complutense, Salamanca y Alberta (Canadá), que estudian aspectos multidisciplinares de los yacimientos prehistóricos del litoral atlántico. Una prueba de isótopos estables practicada sobre los restos encontrados en Asturias y en Guipúzcoa ha permitido conocer las pautas alimenticias de las personas que habitaron esas zonas en el Mesolítico, hace más de 8.000 años. Las pruebas practicadas por el equipo de la arqueóloga María José Iriarte en un depósito de conchas de Jaizkibel (Fuenterrabía) -considerado el más antiguo del País Vasco- en el que también se hallaron restos humanos de un hombre, de entre 30 y 40 años y 1,5 metros de altura, ponen de manifiesto que en la dieta de ese individuo los peces capturados a cierta distancia de la costa tenían un importante aporte nutricional. Según el profesor de Prehistoria de la Universidad del País Vasco Álvaro Arrizabalaga, esta circunstancia acredita que el hombre de Jaizkibel, unos 4.000 años más antiguo que el conocido Otzi encontrado en un glaciar de los Alpes, se embarcaba para pescar y se adentraba en el mar, fuera de la línea de costa, por lo menos un par de kilómetros. El descubrimiento de vértebras de pescado y de espinas de un pez similar al rape en el enterramiento de este individuo corroboran esta hipótesis, según Arrizabalaga, quien explicó que en ese lugar también se encontraron restos de lapas, caramujos, cangrejos y erizos, además de huesos de jabalí, semillas y herramientas de sílex. Arrizabalaga aclaró que no se han localizado restos de artes de pesca, porque en aquella época los anzuelos se elaboraban con madera y hueso, materiales que no resisten la corrosión del ácido sedimento de Jaizkibel. De hecho, el único motivo por el que se conservaron los restos humanos fue la presencia de las conchas que, al contener carbonato cálcico, neutralizaron la acidez del terreno y permitieron que algunos de los huesos de este hombre llegaran hasta nuestros días.