CUANDO Diz Guedes era conselleiro de Agricultura, entre los sindicalistas lácteos corría la maledicencia de que era tan extraño al sector que no sabía ni cuántos tetos tenía una vaca.
01 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Cuatro, por cierto. En un lugar como este, en el que la mayoría de los urbanitas son recién llegados de zonas rurales, casi todos podemos cerrar los ojos e imaginarnos la silueta de la ubre de una vaca. A iniciativa del investigador Albino Prada, entró en mi ordenador un powerpoint -otro de los grandes inventos de Bill Gates- de Red Eléctrica de España: la proyección para el 2008 de generación y demanda de energía. Las áreas metropolitanas de Barcelona y, sobre todo, de Madrid son como pozos negros que se lo comen todo. Los hilos de energía que discurren desde el noroeste hacia el centro y allí se los traga la tierra le dan al mapa de España la forma que uno se imagina que podría tener un teto visto desde dentro de la ubre de una vaca. ¿O no? Quienes nunca relacionarían el ordeño de una res con la imagen de un mapa de máximos y mínimos de demanda de energía son los miembros de los consejos de administración de las eléctricas con embalses, minicentrales o térmicas aquí por el norte. Han sido educados en que la explotación de los recursos naturales o la emisión de dióxido de carbono y de azufre sobre las cabezas de los aborígenes es a costa de nada. Coste cero, vaya. Mejor que en rebajas. La compensación a Galicia por tener todos sus ríos partidos por diques y una de las tasas de polución por habitante más altas de Europa por causa de las chimeneas de As Pontes y Meirama es una de las acciones urgentes que se le demandan a una Xunta que este verano ya cumple su primer año. Cada uno de nosotros tiene en su casa o en su familia otra media docena de problemas que exigen el auxilio de una administración que quizá algún día sea eficiente, solidaria y próxima. Sin embargo, os nosos dirixentes han decidido también embarullarse y derrochar esfuerzos en una batalla por meter o sacar de un preámbulo sin valor legal, de un Estatuto por escribir, nuestro carácter nacional. ¡Viva la patria! El show sólo acaba de comenzar y, a medio camino, ya vamos a estar tan agotados como Rambo cuando salía de la jungla: «¡No siento las piernas!». Sería raro que alguno de los desafíos de Galicia, entendida como ese colectivo humano que desea un país mejor para sus hijos y trabaja para intentarlo, se resolviese creando o adormeciendo naciones en los preámbulos. Es tan cierto el valor simbólico para muchos del rasgo/carácter nacional como su inutilidad preambular y, por tanto, la inutilidad del enroscamiento del PP. Si el debate del Estatuto descendiera a atender los anhelos de quienes no van en coches oficiales, seguro que los gallegos no llegaríamos al final del proceso hastiados como los catalanes. Pero esta vez imos polo mesmo rego. Como las vacas cuando vuelven de pastar; una detrás de otra.