¡Ojo por ojo!

GALICIA

SANDRA ALONSO

LA ley del talión impuso por vez primera proporcionalidad a la venganza.

09 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Para que el castigo al ladrón de una gallina no fuera la lapidación, se estableció la norma del ojo por ojo, del diente por diente. Resultó un avance para la humanidad, aunque aplicarla a estas alturas representa justo lo contrario al progreso: un rasgo de primitivismo. Empujado por su ánimo de venganza, el PP ha decidido pasar factura a tres años de movilizaciones de Nunca Máis aplicando la tarifa del talión. Manifestación por manifestación. El domingo 17, su militancia sustituirá el tradicional mitin-pulpada de la fiesta anual en el Monte do Gozo por una movilización en Santiago contra la gestión de la Xunta en la extinción de los incendios. En el corto espacio de tiempo que necesita la Tierra para dar una vuelta alrededor del Sol, los que exigían dimisiones en las manifestaciones de entonces serán parodiados en las pancartas; los que se caricaturizaban con consignas irán ahora en la cabeza del batallón de protesta. ¿Fraga incluido? Ya puestos, el PP podría enmascararse detrás de una plataforma ad hoc, por ejemplo, Máis ca Nunca. Pero a diferencia de la izquierda, la derecha siempre ha estado huérfana de intelectuales y artistas comprometidos con una sola verdad. La calle se les da peor, aunque en dos años Acebes haya participado en más manifestaciones que el cojo Manteca durante la rebelión estudiantil de los ochenta. La responsabilidad que le exige Feijoo a la Xunta de Touriño en la crisis incendiaria le abandona a él desde que emula al nacionalismo en su viaje a las barricadas y la agitación tras el Prestige. Además, el PP tiene 37 diputados y el BNG de entonces sólo tenía 17. Se lo han puesto a huevo, eso es cierto. El Gobierno cometió tres errores para que Feijoo clave sus pancartas. Primero, siendo Suárez Canal competente y tan trascendente para la estabilidad del bipartito y los equilibrios internos del BNG, al menos su director xeral de Montes sí debería estar cesado, porque imprevisión e imprecisión no faltaron. El segundo fue fomentar desde despachos oficiales la manifestación al estilo castrista de Nunca Máis en defensa del monte y de los del despacho. El tercero, romper la coherencia con un discurso de muchos años de oposición en los que se pedían comisiones de investigación hasta por Navidad. El cuarto error es de Feijoo. Salta a la vista que la agitación social que promueve tiene como fin obtener réditos electorales para él y su partido en las municipales de primavera. Para Galicia, ninguno. No debieron recordarle a Feijoo que el voto es impredecible. Por ejemplo, que aquel Bloque que agitó el Nunca Máis durante tres años perdió en las elecciones autonómicas del cambio los mismos diputados (4) que quien entonces ostentaba el poder, Alberto incluido.