«Me quiero ir»

Lois Blanco, lois.blanco@lavoz.es

GALICIA

CARLOS HERNÁNDEZ

LAS AGENCIAS de captación de emigrantes del continente más despoblado del mundo han salido este año a pescar a las orillas del Orinoco. Un arca de Noé para semillas Más mafias no, gracias

10 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Los australianos llevan muchos decenios dedicados a la búsqueda de caladeros de mano de obra cualificada en países que entran en barrena. La expedición por las ciudades de Venezuela ha superado sus expectativas por la oportunidad del momento. La campaña coincide con la promulgación de la tercera Ley Habilitante, que otorga durante dieciocho meses plenos poderes al militar y telepredicador Hugo Chávez y que tiene amedrentada a la población. Un dato: las consultas de venezolanos a la red de orientación de migraciones Me quiero ir han pasado de veinte mil a sesenta mil a la semana. Como Canadá, Australia acude a ofrecer empleo y asistencia jurídica a los venezolanos dispuestos a marcharse, pero miles de ellos prefieren arañar en el pasado su ascendencia gallega para cruzar el Atlántico en vez del Pacífico. Los consulados españoles amanecen los días laborables con cientos de personas a sus puertas para solicitar visados, reivindicar la nacionalidad heredada de sus padres o, simplemente, renovar el pasaporte español y regresar. Las multinacionales llevan semanas haciendo las maletas. El viernes, la norteamericana AES vendió a Hugo Chávez la compañía Electricidad de Caracas por el precio que impusieron los ministros venezolanos. O venden las empresas al Gobierno o se las nacionalizan, como ya han comprobado los ejecutivos de Repsol. Nacionalización de empresas, fincas y, antes que tarde, de la casa, el coche y del resto de los derechos y libertades individuales. Los oropeles de la Venezuela de los años cincuenta y sesenta atrajeron a decenas de miles de gallegos. Según el censo de residentes ausentes, a las dos orillas del Orinoco hay 32.000 personas que tienen capacidad legal para elegir al presidente de la Xunta. Constituyen la segunda comunidad gallega más numerosa en América. La primera reside en Argentina, donde la crisis económica de hace cinco años provocó las mismas imágenes de compatriotas a las puertas de los consulados para organizar su regreso que ahora Venezuela. Una escena que bien pudiera espolear la conciencia del ministro Moratinos y a la eterna neonata acción exterior de la Xunta para tender un puente de plata a los gallegos que van a someterse por dos veces en la vida al desgarro de emigrar. Primero allí y ahora de vuelta. Los flirteos entre Chávez y Zapatero no deben continuar nublando la vista de los responsables políticos en Madrid y Santiago por muy gracioso que les resulte el antiamericanismo del patriarca. Con Chávez sentado sobre los barriles del quinto exportador mundial de petróleo, asistimos mes a mes a la construcción de un régimen totalitario y opresor. Uno de esos que sólo desaparece con el dictador.