LOS gallegos estamos tan convencidos de que antes o después se estampará contra aquí otro petrolero que hasta han aparecido astigmáticos oportunistas que han visto chapapote en un tanque de fertilizantes del estilo del Nitramón.
24 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.El Prestige y el Ostedijk tienen en común nombres de difícil pronunciación, pero, mientras el primero fue un accidente convertido en tragedia por una incoherente gestión, el de ahora ha sido un incidente magnificado por sus gestores, deseosos de demostrar a tres meses de unas elecciones que son mejores que los anteriores. Propósito imposible, por cierto, pues no es lo mismo el SOS de un petrolero destartalado con una falla en el casco que el de un mercante del trinque al que le fermenta la carga. No son casos iguales ni por asomo, pero tampoco absolutamente diferentes. Cuatro años después de que Mangouras declarase ante el juez que su propósito era varar el Prestige en la ensenada de Corcubión, soltar las anclas y esperar un milagro, el traslado a un puerto o la aproximación a la costa de un buque en apuros sigue siendo el talón de Aquiles del sistema de salvamento español. El alcalde socialista de Viveiro demostró con el Ostedijk que la autoridad del Gobierno y de la Xunta está cercenada por el localismo. Cuando el gabinete de crisis titubeó con llevarlo al dique de Celeiro, la oposición furibunda del regidor y sus llamamientos a la movilización -a los que se adhirieron como galgos todos los alcaldes y alcaldables de A Mariña- bastaron para que el gabinete descartase esa opción. Con todo, el Ostedijk tendrá un final feliz; y el alcalde de Viveiro, un puñado de votos más en mayo. En cambio, el próximo barco en apuros quizá no cargue Nitramón, sino chapapote. Entonces sí que acarreará consecuencias negras el que se mantenga un rumbo errático durante las primeras horas de la crisis -como ocurrió con el buque holandés y con el Prestige-. El Ostedijk no ha servido sólo para confirmar que las decisiones técnicas de los gabinetes de emergencia continúan constreñidas por localismos e intereses electorales. El barco holandés también ha dado fe de la disposición de los socios del bipartito a alancearse entre ellos lo que haga falta durante esta campaña. Mientras dos tercios de la Xunta, la socialista, participaban y respaldaban la gestión del Ostedijk, el otro tercio exigía las competencias exclusivas para Galicia en salvamento marítimo y dramatizaba sobre la capacidad de los gestores del siniestro. En el año del quinto aniversario del Prestige, un barco extranjero en apuros ha servido de nexo de unión al PP y al BNG para ejercer la leal oposición.