La conselleira elige a un especialista en patrimonio de tardía afiliación nacionalista para ocupar el número dos en Cultura
11 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La responsable de Cultura, Ánxela Bugallo, vinculaba el viernes la sorpresiva destitución del número dos de su departamento, en las curvas finales de la legislatura, a la apertura de una «etapa final» en su gestión. La decisión fulminante de prescindir de Carlos Amoedo ha devuelto a la conselleira el protagonismo político que perdió o le negaron en el área nacionalista del bipartito. Para completar su mandato, Bugallo ha reclutado a Xosé Carlos Sierra, un reputado arqueólogo pontevedrés que se afilió al BNG cuando ya llevaba varios meses como delegado de Cultura en Ourense.
Sierra (Pontevedra, 1950), al que obviamente une una buena relación con Bugallo que el cesado no tenía, responde a un perfil diferente por completo al de su predecesor. Amoedo, un hombre próximo al portavoz parlamentario del Bloque, Carlos Aymerich, con el que compartió docencia en la Facultade de Dereito de la Universidade da Coruña, accedió a la secretaría xeral de Cultura desde la UPG, adonde llegó después de que la CIG reclamara sus servicios para ejercer de representante sindical. Sierra, en cambio, no llega al cargo por imposición política del BNG, sino por designación personal de la propia conselleira. Carece de vinculación conocida con cualquier rama de la organización nacionalista, pero le avala una extensa y fecunda carrera profesional.
Su currículo incluye la dirección del Museo Etnolóxico de Ribadavia, cargo que ha ocupado en los últimos quince años. También es miembro del Instituto Padre Sarmiento de Estudos Galegos, patrono de la junta rectora del Museo do Pobo Galego y miembro del Consello da Cultura Galega. Dicen los que lo tratan que es hombre de carácter meticuloso y que, en cuestiones de patrimonio histórico artístico, es uno de los grandes especialistas del país. Al lado de Bugallo, le toca ahora desempeñar un papel en la sombra con próxima fecha de caducidad.