Feijoo premia al sector rural con puestos clave en la Cámara como anticipo de que los birretes los reservará para la Xunta
05 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Feijoo puso cierto empeño en los últimos tres años en acabar con la dicotomía entre la boina y el birrete, que martirizaba internamente su partido. En vísperas de las municipales del 2007, solo un año después de tomar las riendas del PP gallego, creía haber unido ya a las dos grandes familias, cuando proclamó aquello de que las boinas y los birretes «han desaparecido de las páginas de los periódicos». En gran medida así fue. La boina o el sector de extracción más rural, con Baltar como máximo exponente, se rindió en el congreso de la sucesión de Fraga y puso a los pies del nuevo líder su rueda de afilar cuchillos, que en la política gallega tiene el poder disuasorio de una ojiva nuclear. Pero hay una nueva estirpe de políticos populares, más actualizados y mejor formados, que en gran medida son herederos de los Baltar, Cacharro y Cuíña, los dos últimos desaparecidos ya de la escena política por razones diferentes. En ese batallón de la neoboina (algunos se reivindican como boirretes ) se encuadra casi todo el staff del PP en el Parlamento, con la excepción de la presidenta, Pilar Rojo, asociada desde sus comienzos al birrete marianista. En común tienen, además, el xuramento , pues cuando tomaron posesión del escaño todos ellos coincidieron en jurar el cargo -acto que según el diccionario de la RAE consiste en poner a Dios como testigo- en vez de prometerlo, como hicieron Feijoo, Pilar Rojo, Negreira, Pedro Puy y la mitad de los diputados del PP. En ese núcleo duro del xuramento están el portavoz parlamentario, Manuel Ruiz, y sus dos adjuntos, la chantadina Susana López Abella y el ourensano Antonio Rodríguez Miranda, más conocido como Toñito de Allariz en la nomenclatura baltariana. También figuran los ourensanos Miguel Santalices, Carmen Pardo y Enrique Novoa Poly , así como el vicepresidente primero de la Cámara, José Manuel Baltar, hijo del presidente del PP ourensano, y en gran medida el secretario de la Mesa, José Manuel Balseiro, aunque este es de prometer. Tanto Balseiro como Baltar Blanco, que representan el poder territorial del PP en Lugo y Ourense, albergaban alguna esperanza de que les sonara el móvil para ser conselleiros, quizás de Pesca y Agricultura, respectivamente. Pero Feijoo tenía otros planes para ellos y los dejó blindados en el Pazo do Hórreo, asignándole puestos en la Mesa, sin duda los más disputados del hemiciclo, en los que el trabajo no mata y el coche oficial siempre aguarda en la puerta, de ahí que también fueran los más codiciados por los pesos pesados de la nueva oposición: Ricardo Varela y Anxo Quintana. La decisión de Feijoo de premiar a los herederos de la boina en la Cámara le deja las manos libres para ponerle el birrete al Gobierno y apostar por perfiles de extracción urbana y universitaria. Al fin y al cabo, el propio Feijoo se reivindica de Os Peares y ayudaría a cubrir consigo mismo el cupo de la gorra.