Acompaña sus consultas con peticiones de discreción y elude confirmar las entradas en el Gobierno para evitar filtraciones que frustren su plan de manejar los tiempos
08 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Zapatero está molesto. La difusión anticipada de la parte más suculenta de una remodelación de Gobierno que había cocinado a fuego lento como guinda a su álbum de fotos con Obama pinchó una estrategia que debía insuflarle oxígeno en un momento delicado. Por motivos diferentes, Alberto Núñez Feijoo prepara para su llegada a la presidencia de la Xunta un golpe de efecto similar al que Zapatero no consiguió.
Desde la noche electoral del 1 de marzo, la identidad de los diez conselleiros de su Gabinete se ha convertido en el secreto blindado del cambio de Gobierno. En el Partido Popular muchos han sido los consultados, pero solo unos pocos creen tener la certeza de que lo que piensan encaja en el esquema de Feijoo. Eso sí, todos han recibido el mismo encargo por parte del líder: guardar la máxima discreción.
Los nombres que menos titubeos suscitan para ocupar una silla del nuevo Consello de la Xunta son los de Pedro Puy, Agustín Hernández y Rosa Quintana. Los tres aparecen como fijos en todas las quinielas. En el caso de Puy y Hernández, el propio Feijoo los ha situado como hombres fuertes de su equipo al encomendarles la negociación del traspaso de poderes.
Puy Fraga, sobrino del ex presidente de la Xunta y primer asesor de Feijoo, asumirá la Consellería de Presidencia, en la que ya ocupó la Dirección Xeral de Relacións Institucionais en el último Gobierno del PP. Puy dirigirá una cartera con una estructura muy similar a la actual, ya que finalmente Xustiza no recuperará la consellería propia. Agustín Hernández pilotará el departamento en el que Feijoo concentrará la mayor capacidad inversora de su Gobierno, que aglutinará Obras Públicas y las infraestructuras de Medio Ambiente. Hernández conoce la casa. Ex director xeral con Cuíña y Feijoo, en enero del 2008 el presidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán, lo incorporó al ente como responsable de infraestructuras. La también diputada Rosa Quintana, la mejor colocada para dirigir la Consellería de Pesca, redondea su amplia experiencia en el sector con el aval de las cofradías de Pontevedra, que tras el resultado electoral se apresuraron a explicitar su apuesta por ella.
Más allá de esos tres nombres, las conjeturas se multiplican. Feijoo es el primero en cuidarse de borrar el rastro de sus movimientos. ¿Cómo? Escuchando mucho y hablando lo justo. Ha sondeado a varias personas para un mismo puesto sin confirmar sus planes a ninguna. A seis días hábiles para su toma de posesión, sigue aseverando que todavía no le ha asegurado un puesto a nadie. Es lógico que algunas consellerías tengan más de un candidato. Para Sanidade y Servizos Sociais, el entorno de Romay, que es el mismo del que procede Feijoo, se inclina por Pilar Farjas, ex directora de Saúde Pública y colaboradora directa de Carlos Negreira, con el que ocupa una concejalía en A Coruña. Para el mismo puesto suena, con menos insistencia, Ana Sánchez, alto cargo en la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid que está muy vinculada a Ana Pastor.
Los independientes
A partir de ahí, emergen los perfiles independientes con los que el líder del PP asegura que contará, sin citar nombres, claro. Educación, una consellería a la que Feijoo podría sumar Cultura, cuenta al menos con dos aspirantes en las quinielas: el ex rector compostelano Darío Villanueva y la decana de Económicas de la misma universidad, María Teresa Cancelo. Para Economía circula tímidamente la opción de Manuel Castro Cotón, que ya fue director xeral con Orza y al que otros no dan ninguna posibilidad. En otros foros apuntan a Isidoro Pardilla para Industria. La mayoría de estos nombres suenan a chino en el PP. A Feijoo, seguro que no.