El perfil de Guillerme Vázquez presentaba, al menos a primera vista, algunos inconvenientes para ponerse al frente del Bloque. Para empezar, carece de escaño en el Parlamento gallego, el escenario preferente para ejercer la oposición política, y además superaba holgadamente en años a la persona que tenía que reemplazar tras la derrota de las elecciones del 1-M. Pero donde algunas voces solo apreciaban inconvenientes, la Unión do Povo Galego (UPG) -el partido comunista que controla el aparato del BNG- veía únicamente una vía para seguir manteniendo su poder en la organización, aún a riesgo de que se produjera alguna que otra fisura interna.
En poco más de una semana, Guillerme Vázquez cumplirá cien días como portavoz nacional del Bloque, un liderazgo que en gran medida estuvo marcado por la discreción y por la sombra que sobre el Bloque todavía sigue proyectando Anxo Quintana, quien sí conserva su escaño en O Hórreo y todavía es tenido en cuenta por algunos de sus seguidores para futuras aventuras en el frente nacionalista, algo a lo que el propio Quintana se presta con discreción.
Guillerme Vázquez, a su manera, también impuso un nuevo estilo de hacer política en el BNG. A diferencia de Quintana, que siempre se esforzó en hablar más para los de fuera que para la militancia nacionalista, el ex concejal de Pontevedra propugna una vuelta a las esencias y al discurso tradicional, haciendo gala de un lenguaje socarrón e irónico dirigido casi exclusivamente a los simpatizantes de la organización. Ese vuelta al pasado quedó plasmada en el discurso pronunciado por Vázquez el Día da Patria Galega en la plaza de A Quintana, donde después de cuatro años gobernando con los socialistas, los seguidores del Bloque volvieron a corear aquello de «PSOE, PP, a mesma ... ».
Pero no lo tiene fácil el portavoz nacional para conducir la organización a buen puerto e impedir que siga perdiendo votos. Internamente, el Bloque está fragmentado entre la línea dura que impone la UPG y los aperturistas reunidos detrás de nombres como Quintana, Carlos Aymerich o Teresa Táboas, Quizás una de las grandes coincidencias sea que ni unos ni otras acaban de ver a Guillerme Vázquez como un candidato solvente a disputar la presidencia de la Xunta, lo que tampoco ayudará a los nacionalistas a superar sus disensiones internas y construir un verdadero liderazgo que sea capaz de aunar todas las corrientes.
Ahora bien, por lo de pronto Vázquez cumple su cometido. No es diputado, pero el Bloque subsanó en parte esta carencia nombrándolo asesor de su grupo parlamentario. Y, sobre todo, mientras sea portavoz nacional permitirá que la U , que lo aupó a este puesto, siga manejando los hilos del BNG.