Galicia, nai nosa. Pocos hijos de Galicia quieren saber de su salud. Ingratos. Galicia es una señora con climaterio. A sus casi 45 años es mayor que la media europea. Su fertilidad se agota. Pero a diferencia de los gallegos, Galicia no está condenada a morir, siempre que tenga hijos. Si no, su tierra será una res derelicta, algo abandonado, a monte. Esta nuestra madre común padece una hemorragia interior que la va debilitando. Algunos insensatos creían que eso se arreglaba con transfusiones periódicas. Pero era una medida paliativa, para estabilizarla. Cerrar la hemorragia y estimular la propia producción de sangre es la única terapia definitiva para que recobre su vigor. A diferencia de la madre de cada cual, Galicia tampoco está condenada a envejecer más rápido que el resto de Europa. Si lo hace es porque no se regenera. El viernes Eurostat publicó su informe demográfico 2010. Demoledor para los gallegos. Ni un Estado de la UE, ni uno, es menos fértil que Galicia. Ahora el INE nos dice que tampoco hay transfusión. Hasta el 2050 viviremos varias crisis económicas, pero de esta hemorragia mortal, como no se ataje ya, no saldremos con autonomía y aliento propio. No, algunos no nos resignamos a que Galicia, nosa nai bendita, agonice conectada a un respirador. «Nosa naiciña, que nos diches un xeito de ser no mundo».