De aquel Parlamento bendecido

Domingos Sampedro
domingos sampedro SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

Una muestra recrea el autonomismo nacido al abrigo de la Iglesia

05 jul 2011 . Actualizado a las 09:49 h.

La gélida mañana del 14 de diciembre de 1981 empezaba a balbucear el Parlamento de Galicia en el pazo de Xelmírez, que cedió el Arzobispado de Santiago junto a unas estufas para atemperar a la naciente autonomía gallega. Los primeros diputados buscaron a los pocos meses el calor del pazo de Fonseca, cedido por la Universidad compostelana para los plenos, y del de Raxoi, usado para las comisiones, hasta que acabaron desplazando a la Brigada Aerotransportable que ocupaba el cuartel de O Hórreo, actual sede de la Cámara. Así que no se puede decir que esta institución troncal de la Galicia democrática no lograra aunar la bendición de los poderes fácticos del país -el eclesiástico, el civil y el militar- en la primera de sus tres décadas de vida.

Aquel Parlamento en blanco y negro, en el que Mariano Rajoy, Carlos Mella o Torres Colomer se podían permitir el lujo de fumarse un veguero en el escaño, está recreado ahora en la exposición Aqueles primeiros anos (1981-1989), inaugurada ayer en la casona de O Hórreo, que repasa el camino recorrido por el parlamentarismo autonómico hasta el desembarco en Galicia de Manuel Fraga.

El primer presidente de la Xunta, Xerardo Fernández Albor, de 93 años, recorrió la muestra sosteniéndose por veces en el brazo de la persona que ahora ocupa el cargo, Alberto Núñez Feijoo, y a ambos se les escapó alguna sonrisilla al contemplar las viñetas de Siro, ilustrador de La Voz de Galicia, que parecían cobrar vida sobre el papel. «É unha mostra gráfica», dijo el comisario de la exposición, Rafael López, que tiene el propósito de reflejar lo que fue el «epicentro» de la vida política de los años ochenta.

Y precisamente para transmitir esa viveza histórica se produjeron en metacrilato los perfiles de quince diputados de la primera etapa, que igual mostraban a un Xosé Manuel Beiras paseando por el pasillo de la Cámara con el paraguas, el maletín y el cigarrillo entre los dedos que a Antonio Rosón hierático, el primer jefe del Legislativo fallecido en 1986, o a un Fernando González Laxe prácticamente imberbe.

Años no siempre plácidos

«Aqueles anos non sempre foron plácidos», admitió Feijoo en su discurso, antes de remarcar que el Parlamento gallego, al igual que el Camino de Santiago, acabó mostrando a la sociedad el «valor do diálogo» y de la «tolerancia».

Prueba de que aquello tampoco era el valle de Jauja es que los paneles de la muestra recogen algunos de los momento más turbulentos de la nuevo autonomía. Como la agitada llegada a Galicia de los restos de Castelao, el vídeo que reconstruye la moción de censura promovida contra Albor o el pleno donde se trató el asunto de la capitalidad, que muestra a Francisco Vázquez, por entonces también diputado autonómico, defendiendo junto a otros seis parlamentarios que la balanza se inclinara en favor de A Coruña.

Hay, todavía, otro aspecto llamativo de aquellos primeros años: una carencia flagrante de mujeres. Lo recordó Pilar Rojo, la actual presidenta del Parlamento, para destacar que esa página de la historia ya está superada y para rendirles un sentido homenaje a las cuatro primeras damas que en aquellos ochos años entraron a pelear en un mundo de hombres.

Una de ellas era Emma González Bermello, la ucedista que por un tiempo fue alcaldesa de Vigo, y que sorprende a propios y a extraños en una imagen de metacrilato ataviada con el tradicional traje de gallega, que se enfundó para la toma de posesión.

Otras, como Carmen Lovelle (AP) o Rosa Gómez Limia (PSOE), estaban ayer en el acto exhibiendo batallitas. «Cómo nos ponían a las mujeres entonces», decía la segunda. Y Lovelle, exalcaldesa de Verín, asentía antes de añadir: «A mí llegaron a decirme: ??Se te meteses na casa a facer o caldo??».