María José sigue luchando porque, dice, el suyo no era el único caso
02 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Aquel 3 de noviembre del 2010 se encerró en un armario cuando vio que una piqueta iba a tirar su vivienda, afectada por la Lei de Costas. Desde entonces, pasado un año, solo volvió hasta ese lugar tres veces. Los primeros seis meses no se vio capaz. Quizás por nervios, María José Barreiro toma un cigarro y después señala: «Aquí tenía mi casa. También una barbacoa, con su salón, su baño... Allí, un pozo de agua. Se llevaron todo por delante. Esta zona estaba embaldosada, allí había césped... Pero solo queda esto que ves ahora: tojos, maleza, más nada». Toda su vida soñó con vivir frente al mar. Y construyó su sueño -calcula que había invertido en él más de 400.000 euros- frente a la playa de Pragueira (Sanxenxo), cerca de otros dos arenales con bandera azul, a poca distancia de A Lanzada y con vistas a las Ons. Un lugar paradisíaco todo el año, bravío.
Empezó a construirla en el 2000, pero de todo aquello solo queda una verja verde. La entrada a la nada. Sí permanecen las vistas: el mar ovellado en un día de noviembre y las gaviotas peinando el cielo. El frío. Su vivienda era ilegal. Lo sabía entonces y lo sabe ahora. «Pero mira, aquí al lado hay una, allí otra. Muchas. ¿Por qué la mía se tiró, incluso cuando aún no salió el contencioso, y las otras no? Es injusto. Creo que no tuve ni derecho a defenderme». Detalla. «Cada día me levanto con esto en la cabeza. No lo superaré en la vida, y lo que me quede de ella lo dedicaré a buscar una explicación, justicia. Solo quiero eso, y que sea igual para todos. Este año ha sido horrible: depresión, psicólogos, está siendo complicado. Hay días en los que no me levantaría de la cama». Lo más duro ocurrió hace un año. «El 3 de noviembre intentaron tirarla», recuerda. Por eso se encerró. La piqueta estaba preparada y un juez aplazó in extremis el derribo, aunque no por mucho tiempo.
«Voy a por todas»
Catorce jornadas más tarde la echaron abajo. Definitivamente. Entonces las versiones de una parte y la otra se sucedieron: María José dice que no tuvo tiempo para reaccionar, pero el departamento de Medio Ambiente, Territorio e Infraestruturas afirmó en su momento que, desde febrero a noviembre, tuvo plazo para asumir el derribo. La Xunta había denunciado de oficio la vivienda de esta mujer en febrero del 2006 y, en febrero del 2010, el Juzgado Contencioso-Administrativo número 3 de Pontevedra dictaba sentencia autorizando el derribo. «La estaba tirando por mi cuenta, había rebajado el muro... Entiendo que si estaba en una zona de costa no es legal, pero... ¿y las otras? Voy a pelear, el tema sigue en manos de mis abogados y estamos reclamándole a la APLU (Axencia de Protección da Legalidade Urbanística) los expedientes que hay en esta misma zona. Voy a por todas. Cuando ocurrió todo quise crear una asociación de vecinos, porque a todos nos afectaba de alguna manera, pero no encontré apoyo. Es duro. Ya ni siquiera me importa lo material, sino lo sentimental. En aquel derribo no encontré nada de humanidad».
A la «casa de Pragueira», como María José aún la llama, iban sobre todo en temporada de verano, pero la tenían en mente todo el año. «Era todo mi sueño, vivía para esto», recalca. Doce meses después insiste en que sabe que cometió un error «pero algo pasó aquí, fue muy raro, todo muy rápido. Hay casas en otros lugares con sentencia firme de derribo del 2003 y siguen levantadas». Reconoce que, al menos, tenían el piso de Pontevedra, donde viven ahora. «Sé que hay mucha gente en peor situación que yo, pero ni siquiera la otra vivienda es algo seguro. Si me la embargan -para hacer frente a las multas que le fueron impuestas- tendré que regresar a casa de mis padres, después de haber trabajado toda una vida. ¿Para qué? Para nada. Lo que teníamos lo conseguimos con nuestro esfuerzo. No nos lo regalaron».
«Me llevaron por delante»
Recuerda las máquinas destruyendo su casa. Su familia le pide a veces que se olvide el tema, «pero no lo consigo: abogados, arquitectos, proyectos... me estoy gastando un dineral, pero no pararé. De momento, no tengo ni fecha de contencioso, y seguimos haciendo recursos. Aun así, si se lograse algo, mi casa ya no estará. Me llevaron por delante, a mí y a mi vida. Ahora, yo con 57 años y mi marido con 61, era el tiempo de disfrutar, y no podemos». Se refugia en sus hijos y en sus nietos, de cinco y dos años. «Si sigo luchando, también es por ellos».
QUÉ FUE DE la propietaria de la casa ilegal derribada hace un año en sanxenxo