José Luis Quintela se ha encontrado con el trabajo de Penamoa casi hecho. Pero aún quedan familias sobre las que actuar.
-¿Notaron algún efecto migratorio tras el desmantelamiento?
-No, al menos de forma relevante. La prueba es que el resto de asentamientos, O Portiño, A Pasaxe y As Rañas, no han crecido. Alguno ha perdido población.
-¿Dónde encuentran más problemas de integración, entre la familia que se muda o en el entorno que la acoge?
-Depende mucho de las familias y entornos de las que hablemos. Hay que hacer un trabajo individualizado familia por familia y entorno por entorno. En todo caso siempre hay factores, como la presión social o los propios medios de comunicación, sobre los que es difícil intervenir.
-¿Es muy caro garantizar el éxito en un realojo?
-Siempre es necesaria la dedicación durante un período largo de un plantel técnico. Hay que realojar a las familias trasladadas, y aportar fondos para garantizar la sostenibilidad: el seguimiento, orientación laboral, etcétera. Para tener éxito en estos programas hay que invertir.
-¿En qué medida afecta la crisis a estos asentamientos?
-Cualquier situación mala desde el punto de vista económico actúa más sensiblemente sobre grupos vulnerables. Por otra parte, la escasez de empleo ha desplazado a sectores amplios de la población hacia nichos laborales menos cualificados y más precarios. Con ello se abunda también en la exclusión, ya que los chabolistas no pueden resistir la competencia de estos sectores.