Urge desmitificar el coste de la línea gallega

Xosé C. Fernández INGENIERO DE OBRAS PÚBLICAS

GALICIA

02 nov 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

Mucho se ha escrito sobre el posible coste de construcción de la línea de alta velocidad que unirá, no antes del 2018, Galicia con el centro de la Península. Se han barajado cifras exageradamente altas y se ha magnificado el esfuerzo presupuestario que deberá realizar Fomento. Al decir de algunos técnicos y políticos de Cataluña, con el coste de nuestra línea España poco menos que hipoteca el futuro de las infraestructuras y el desarrollo de varias comunidades. ¿Qué hay de cierto en todo ello?

Al intentar aclarar esta cuestión, sorprende lo poco transparente y nada didáctico que está siendo Fomento. El acceso a Galicia se inicia en Olmedo, porque los 134 kilómetros que separan Madrid de esta localidad, ya inaugurados en el 2007, también sirven para los ejes actuales y futuros de Asturias, Castilla y León, Cantabria y País Vasco. Galicia solo representa el 18 % de la población servida.

El tramo Ourense-Santiago, además de estar ya inaugurado, es una línea de recorrido interior en la comunidad, por lo cual el acceso de verdad de alta velocidad a Galicia es el tramo de 326 kilómetros que unirá Olmedo con Ourense. Fomento no informa al ciudadano del coste de construcción de esta línea, pero los datos de las adjudicaciones y de los costes están en el BOE y en la web de Fomento.

Los 96 kilómetros entre Olmedo y Zamora, que deberían inaugurarse a finales de 2013, le cuestan al ADIF 580 millones, a 6,1 millones el kilómetro. Los 132 kilómetros de Zamora a Lubián le costarán 1.130 millones, a razón de 8,5 millones por kilómetro. Y, finalmente, los 98 kilómetros entre Lubián y Ourense necesitarán 2.150 millones, los más caros, a razón de 22 millones por kilómetro. Pero el importe total de los tres tramos no supera los 3.860 millones, ni el coste por kilómetro llega a los 12 millones. Menor que los de Málaga, Barcelona o Valencia.

Y a nadie en su sano juicio se le ocurrirá sumar a estas cifras los gastos de mantenimiento durante los próximos 25 años, ni otras externalidades que también afectan a las restantes líneas. Por tanto, ¿a qué espera Fomento para acallar las críticas que se vuelven contra nuestras justas y necesarias expectativas?