alicia es el país de las rías. Son nuestra identidad geográfica y paisajística, nuestro principal reclamo turístico, nuestra imagen más deseada y nuestro territorio más productivo. Por eso se han asentado la mayoría de sus habitantes, las mayores ciudades, las principales áreas industriales y, en su alrededor, los más fértiles terrazgos agrícolas. Por si fuera poco, son verdaderos huertos marinos con una productividad excepcional. Un complejo equilibrio que, de haberse planificado bien, hoy serían un espacio de valor único. Pero no ha sido así y los conflictos ambientales proliferan más de lo deseado. Todos los Gobiernos gallegos han prometido sanearlas, pero siguen siendo deficitarias de atención. Ahora una comisión europea de expertos y políticos ha puesto el dedo en la llaga. Grandes ciudades como Vigo y Ferrol vierten aún a sus rías, muchas industrias también, e incluso los depósitos de metales pesados hacen peligrar la salubridad. Muchos se enriquecieron en el maltrato de las rías, pero sea como fuere ahora toca, de una vez, resolver el tema, porque la situación es ya muy grave, a pesar de lo que hemos avanzado. La suerte de nuestras rías está echada: sanearlas en su totalidad. La otra suerte prefiero no comentarla.
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