Hasta hace pocos días, los servicios jurídicos del ADIF intentaban parar los golpes de los autos del juez Aláez, pero tan pronto como el alcance de los posibles imputados se disparó hacia los niveles políticos -los presidentes del ADIF y Renfe son nombrados a dedo por el ministro de turno- se ha decidido la intervención de la Abogacía del Estado. Con bastante desacierto y desatino, a mi entender. Su estrategia está clara: ante todo intentar desacreditar al juez. Naturalmente, el juez no es ingeniero, como tampoco es médico, ni economista, así que se intenta poner en tela de juicio la validez de su criterio sobre asuntos ferroviarios. ¿Son técnicos en materias ferroviarias los tres últimos ministros de Fomento, que desde hace 8 años llevan tomando las mayores, y no siempre acertadas, decisiones en materia de infraestructuras ferroviarias, incluyendo las fechas de inauguración de las líneas de alta velocidad que tiene España, también la de Ourense-Santiago?
Pero lo que más indignará a los ciudadanos, resultará doloroso a las víctimas del accidente y nos parece grave a los viajeros es que se intente asimilar al juez con un insensato, solo por exigir diligencia a quienes tienen el deber de diseñar, proyectar, construir y explotar la red ferroviaria con seguridad, en circunstancias normales o de riesgo previsible.
Como los abogados del Estado tampoco son técnicos, alguien de Fomento les deberá ilustrar sobre que en los planes, obras y mantenimiento de las infraestructura son prácticas habituales las actuaciones preventivas y predictivas, precisamente para evitar las correctivas o, como desgraciadamente ha sucedido, las catastróficas y mortíferas.
Tampoco la evidente falta de medios y señalización en la zona del accidente precisó de ningún informe ni dictamen de comisión investigadora alguna, sino del sentido común de algún dirigente del ADIF, que a los pocos días ordenó instalar las señales y balizas que faltaban, como ahora lo ordena para otras zonas de la red que tienen la misma carencia de información para quienes conducen los trenes de alta velocidad.