Caso Asunta: Las causas perdidas de Basterra

Antía Urgorri Serantes
Antía Urgorri REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

El padre de Asunta se erigía en redes sociales, meses antes de la muerte de la niña, como acérrimo defensor de desahuciados y parados

22 nov 2013 . Actualizado a las 15:51 h.

Durante los meses en los que Alfonso Basterra, ya separado de Rosario Porto, se había ido a vivir solo a un piso de la calle República Argentina, de Santiago, a solo unos metros de la casa de su exmujer, abrió una cuenta en una red social. La utilizaba como una forma de promoción de su actividad profesional, relacionada con el periodismo termal, pero también la empleaba como plataforma en la que mostrar una actitud comprometida políticamente, inconformista con la situación económica actual y defensora acérrima de personas que podían perder su trabajo o su vivienda.

Quizás con la situación económica no demasiado boyante por la que pasaba Basterra -trabajaba de freelance como periodista especializado en turismo- y con la carga de tener que asumir en solitario un alquiler mensual -en esa céntrica calle compostelana no bajan de los 400 euros-, podría verse identificado con, como él mismo escribía en su muro, «aquellos que se ven privados de su vivienda, y que en los últimos días han sido tildados hasta de nazis».

Su propio miedo a no poder asumir el coste del piso -reconoció estando ya en la cárcel que una de sus principales preocupaciones era cómo asumir el gasto del arrendamiento- habría despertado en el periodista vasco una empatía con aquellas personas que estaban viviendo lo que él temía podría llegar a vivir. Durante la investigación ha trascendido que el piso de Basterra, a diferencia del del su exmujer, era muy modesto.

Igual de comprometido e inconformista se mostraba el padre de Asunta con los «cinco millones de parados» y cargaba tintas contra los gobernantes públicos: «La política está llena de mediocres a los que nadie solicitó su currículum vitae para saber si eran aptos o no para desarrollar una labor tan importante y necesaria, y que debería tener plazo de caducidad para todos».

Enfadado con el mundo y muy especialmente con la clase política, Alfonso Basterra reflexionaba: «El elevado grado de corrupción vigente en nuestro país y que lastra nuestro crecimiento es herencia directa de cinco siglos de un movimiento social y literario como es la picaresca».

A Rajoy

No dudaba, incluso, en dirigirse al presidente del Gobierno para pedirle explicaciones por la precariedad laboral: «¿Y ahora qué, señor Rajoy? ¿6.200.000 parados no cree que son más que suficientes como para no empezar a modificar algunas prácticas de su política laboral?».

Ni rastro de Asunta

Ni una sola referencia personal entre los meses de marzo y junio, que es cuando Alfonso Basterra estuvo activo en este perfil de una red social, a su situación sentimental o a su papel de padre de Asunta. Solo aludía al Día de la Madre para recomendar los balnearios con los que trabajaba como posible regalo en esa fecha.

Los únicos momentos en los que el periodista vasco deja de lado la labor promocional del turismo termal, fin por el que parece abrió la cuenta, o los comentarios de contenido político, son para mostrar su lado más sensible, pidiendo apoyo para un niño que espera un trasplante de corazón; o denunciando el maltrato de un animal. Un comportamiento que no concuerda con el de un padre que meses después ha sido imputado por el asesinato de su hija, de 12 años.

Parece incluso que el periodista, que en ese momento aún no había retomado la relación con su ex mujer, había pasado página e intentaba conocer gente a través de la red social. Figura entre las páginas que le gustaban una de contactos. El 21 de junio, tres meses antes de la muerte de su hija, escribió su último comentario.