El «Breaking Bad» del orujo

c. punzón / E. V. Pita VIGO / LA VOZ

GALICIA

POLICÍA NACIONAL

Tras la cocción en Portugal, una red de transporte con lanzaderas vigilaba hasta Vigo la llegada del alcohol que después era transformado en licores

11 nov 2014 . Actualizado a las 14:51 h.

Todo giraba en torno a la cocción, como en la serie de televisión en la que Walter White mutaba su empleo de profesor de instituto por el de escurridizo cocinero y distribuidor de metanfetamina. En el Breaking Bad del orujo, cuando en Portugal había cocción, las furgonetas cruzaban la frontera del Miño de manera frenética para poner en marcha en Galicia la fabricación y posterior venta de licores elaborada sobre la base del alcohol luso. Aguardiente blanca, de hierbas, tostada o licor café se obtenían en una nave ubicada frente a la depuradora de Coruxo (Vigo).

Así lo reconoció en el Juzgado de Instrucción número 1 de Vigo uno de los quince detenidos, seis de ellos en Galicia, por formar a ambos lados de la frontera un entramado de venta ilegal de alcohol y licores.

El margen del orujo no era ni mucho menos el de las pastillas azules de la serie americana, pero el beneficio alcanzado con la presunta venta fuera del circuito legal dejaba entre 3.000 y 4.200 euros al mes a cada socio, según el relato del detenido más hablador.

Confesión ante la jueza

En paralelo a los capítulos televisivos, la frontera marcó la investigación de la red del orujo, cuyo rastro seguía desde comienzos del 2013 el Destacamento de Acción Fiscal de Coímbra. Una comisión rogatoria de las autoridades lusas ante la Audiencia Nacional abrió el seguimiento a este lado del Miño con los pinchazos telefónicos que la Udyco de Vigo señala como claves para probar la ilegalidad del entramado con ramificaciones en Dozón y Ourense, además de su centro de operaciones en la ciudad olívica.

«Declara que no tiene ningún tipo de permiso administrativo para el tratamiento del alcohol. Que no tiene justificantes de la adquisición del alcohol en alguna destilería, ni comprobantes de que pasen controles sanitarios», se hace constar en lenguaje testifical en las diligencias previas reflejando el testimonio del mismo detenido antes de recobrar, al menos de momento, la libertad.

Tras reconocer que carecía de respaldo legal, Sergio Cándido B. hizo cuentas ante la jueza. «Distribuyó unas 10 o 12 cubas al mes, y cada cuba lleva 1.000 litros», recordó, indicando que el alcohol le costaba 3 euros por litro en Portugal, donde la materia prima los investigadores lusos están convencidos de que se hacía igualmente de forma ilegal.

«Que los licores que fabrica los ha probado y consumido él y personas de su entorno. Que no conoce a nadie que este alcohol le haya producido efectos perjudiciales. Que puede afirmar que su producto se puede consumir», sigue recogiendo la secretaria judicial de boca del interrogado, tras cuestionar los letrados el posible riesgo para la salud que la producción podría haber llegado a entrañar al carecer de controles sanitarios. «Posiblemente nocivo para la salud», se indica en el escrito policial al referirse a los licores elaborados en Vigo. Está por ver el papel de los tres sacos de anticongelante alimentario encontrado en la nave viguesa.

«No son producidos artesanalmente», despeja también la duda Jesús G., propietario de un bar de Dozón, también detenido. «No han pasado control sanitario, ni pago de impuestos, pero son bebidas alcohólicas que no causan daños a la salud, porque el mismo declarante las consume y su familia, además de distribuirlas», se refleja en su declaración, en la que también señala que el precio de la botella le sale a 3 euros y que la vende a 3,50 o 4, dos menos que en el mercado, aunque en su caso no lleva carga de impuestos.

Un auténtico arsenal

La logística del transporte del alcohol concitaba tantos dolores de cabeza como en Breaking Bad los químicos con los que se elaboraban los estupefacientes. Vehículos lanzadera de Portugal a Vigo revisaban la existencia de controles e iban dando cuenta vía telefónica de cualquier incidencia. Mujer e hijo de Justo A., taxistas de profesión, fueron captados en los pinchazos telefónicos como supuestas avanzadillas de las furgonetas que el padre transportaba entre Portugal y Vigo. «Todo bien en la carretera», dice el responsable de otra lanzadera. «Todo OK en el agujero», señala en otra llamada corta al vehículo que le sigue cargado a unos kilómetros. La presencia de radares, o de «la Civil» junto a un coche averiado son comunicados entre lanzaderas y furgonetas, así como que hay que realizar el paso «antes de las 13 horas, porque ahora la frontera está cerrada con la movida de las drogas y las armas, con controles de verdad, no controlitos», se transcribe de los pinchazos. Fruto de ese temor a ser descubiertos se hace constar que en una ocasión y a causa de la avería del transporte, tiraron todo el alcohol para evitar problemas.

El arsenal de armas y el dinero encontrado en casa de uno de los implicados acaba por reforzar el relativo paralelismo entre la realidad y la serie de ficción. Una granada mortero en la mesilla de noche de Carlos M., el único encarcelado, extremó la atención de los agentes, tanto como las dos pistolas halladas bajo el colchón y otras cinco repartidas por el dormitorio, cuatro más sobre el armario junto a puñales y un sable, como parte de una auténtica armería aún mayor. Una de las pistolas llegó incluso a dispararse durante el registro, en el que la lista de billetes encontrados en la mesilla, caja fuerte, armario y otros lugares ocupó varios folios del inventario policial.

Aplauso de las bodegas

La desarticulación de la supuesta red fue «agradecida y aplaudida» ayer por los consejos reguladores de vinos de Galicia y por el de Aguardientes y Licores Tradicionales. Tras la operación policial el colectivo reclama a los hosteleros que se abstengan de comprar licores sin control sanitario, «por las secuelas que pueden dejar en el consumidor».