El Bloque se resiste a morir

Domingos Sampedro
Domingos Sampedro SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

ed carosia

La renuncia de En Marea a intentar formar grupo propio en el Congreso enfría la posible confluencia con un BNG que ya asume nuevas escisiones

24 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

El BNG nació de un error. Fue el resultado del rumbo errático tomado por la Unión do Povo Galego (UPG) en los años de la Transición y que tuvieron su colofón cuando los tres diputados de su marca electoral fueron expulsados del primer Parlamento de Galicia tras negarse a jurar la Constitución y el Estatuto. Corría el año 1982. Y en aquel contexto se fundaba el BNG en Riazor, para acabar con los despropósitos y asumir las reglas de juego del marco autonómico. Como escribió Barreiro Rivas en Os partidos políticos de Galicia (Ed. Xerais, 2004), nadie daba un duro por aquel invento, al que todos veían, más que como un frente de fuerzas nacionalistas, como una refundación de la UPG.

Pero poco a poco se fue escribiendo la historia. En tres años lograban su primer diputado, Beiras, que acató la Constitución posando su mano sobre el Sempre en Galiza. Dos años más tarde renuncian a darle cobertura política a la lucha armada y expulsan a la FPG por apoyarla. Y los resultados se multiplican: cinco diputados, más tarde 13, después 18, Congreso, Eurocámara... Quince años le bastaron al Bloque para convertirse en segunda fuerza en Galicia tras surgir de la nada. Tres lustros, el mismo tiempo que lleva el BNG perdiendo votos y que hizo aflorar voces que piden que el proyecto sea enterrado definitivamente.

La coalición tripartita En Marea mejoró incluso los mejores registros del BNG en mucho menos tiempo. Le bastaron unos meses. Poco más de tres años, a lo sumo, pues no hay que perder de vista que todo empezó en el 2012 cuando Beiras impulsó AGE.

Poder de atracción

El éxito acompañó a AGE y a En Marea desde sus inicios. Y por eso no es extraño que ejerza un poder de atracción sobre una fuerza más anquilosada, como el BNG, que lleva quince años dejándose plumas por el camino. Solo así se explica que personas como Carlos Aymerich, Anxo Quintana o Carme Adán, que llegaron a desempeñar los mejores puestos representativos del Bloque, apuesten ahora por cerrar el chiringuito y confluir en el espacio de En Marea.

Pero el BNG, aun estando moribundo, se resiste a morir del todo. En su seno hay grandes reticencias, y no solo dentro de la UPG, a dar por finiquitado el proyecto político nacionalista que representa unas siglas inventadas hace 35 anos. Hay quien asume con urgencia que hay que corregir el rumbo, mudar el nombre o refundar el modelo sobre nuevas bases, pero la coincidencia amplia sobre la necesidad de «asegurar a pervivencia do proxecto nacionalista», como defendió Francisco Jorquera, portavoz en el Parlamento.

Y es que en el BNG existe tantas dudas sobre la posibilidad de confluir en una plataforma tan heterogénea como En Marea, como incomodidad existe en este espacio para aceptar al BNG como invitado en pie de igualdad con otras formaciones como Podemos.

En Marea siempre puso más interés en lograr los votos y algunos elementos cualificados del BNG, que en tener que cohabitar con la UPG. Y si en el Bloque había muchos tentados con la idea de dar el salto, lo cierto es que la renuncia de En Marea a constituirse como grupo propio en el Congreso, renuncia siquiera a intentarlo, levantó las cautelas de los más nacionalistas.

A finales de febrero, el BNG tomará su decisión sobre la posible confluencia. Pero todo indica que la determinación es la de resistir, aunque sea al coste de sufrir una nueva escisión.