La banda del no

Tino Novoa EN LA FRONTERA

GALICIA

El rey concluye hoy su segunda ronda de reuniones con los portavoces parlamentarios y todo sigue prácticamente igual que al finalizar la primera. Otros diez días más tirados a la basura. Como si no hubiera prisa por formar Gobierno, como si el país pudiera funcionar sine die en esta inercia. Como si no hubiera reformas pendientes, problemas urgentes que resolver ni graves desafíos a los que dar respuestas inmediatas. Si el descrédito de la clase política ya era considerable antes de las elecciones, en las últimas semanas no hace sino aumentar, e incluso empieza a salpicar ya a los nuevos políticos. Es más, en su irresponsable deriva ni siquiera se guardan de embarrar en sus peleas al rey, al que han colocado entre la espada y la pared al traspasarle la patata caliente de apostar a ciegas por un candidato para que el reloj se ponga en marcha y este impasse no se eternice.

Porque los partidos han decidido eludir sus responsabilidades y se han atrincherado en el no. Justo lo contrario de lo que han dictado las urnas, porque el mandato ciudadano era claro: tienen que dialogar. Cuarenta días después, ni han empezado a hablar. Todo son líneas rojas, todo son vetos. Nada nuevo, por otra parte, porque es la dinámica en que se ha desenvuelto la política española desde hace años. Y nada hemos aprendido, nada hemos avanzado. Seguimos en la política de frentes, desoyendo a los españoles, que demandan espacios de entendimiento. Para ello hay que empezar por algo obvio, tener voluntad de diálogo y dar pasos en ese sentido, incluido el de rectificar aquello que lo ha enemistado con todos, que es algo que el PP no ha hecho. Hay que tener una idea mínima de qué se quiere hacer y hacia dónde se quiere ir, que es algo que el PSOE no ha hecho. Para dialogar es necesario respetar al otro, no despreciarlo ni insultarlo ni meterle el dedo en el ojo, como hace Podemos con los socialistas.

Y en esa guerra particular de la banda del no se han olvidado de lo verdaderamente importante: los ciudadanos.