«Marcho, que teño que marchar», una esquela con mucha retranca

La curiosa despedida de un vecino de A Coruña en su esquela


Redacción

«Marcho, que teño que marchar». Es la llamativa y curiosa frase de despedida que un vecino de A Coruña, Rafael Ángel García Rey, de 63 años de edad, ha elegido para poner en su esquela que se publica hoy en La Voz de Galicia. Un «adiós» con mucha retranca que ha llamado hoy la atención de los lectores. 

Se une así a las curiosas esquelas que se han publicado a lo largo de los años. Entre las últimas, la emotiva despedida de un vecino de la parroquia de O Viso en Redondela que conmovió a sus vecinos y familiares a principios de este mes de noviembre.  «Hoxe que me reúno coa miña compañeira de vida non quero facelo sen despedirme antes de todos aqueles que nos acompañastes durante a nosa vida», decía la esquela de Rafael Domínguez Collazo. «Xa nos veremos, pero non teñades présa, eu xa estou con Mari», concluía.

La esquela fue colocada en su momento en la puerta de A Tenda de Concha, un bar tienda que funciona mañana, tarde y noche y que es el epicentro de la vida de esta parroquia redondelana. Un cáncer se llevó a este vecino de O Viso prematuramente, a los 65 años, dos años después de que otra enfermedad acabase también demasiado pronto con la vida su su esposa, María del Carmen, que había fallecido a los 58 años de edad. 

Un vecino del barrio coruñés de Palavea, José Luis Gómez Cotelo, conocido como Fruti, quiso despedirse de sus allegados con alegría con una nota en su esquela que decía: «Como voluntad del fallecido se realizará una quedada en la Cervecería de La Estrella, el sábado a las seis de la tarde». Y así fue.

Allí se encontraron, un sábado por la tarde tal y como él pedía, decenas de amigos y familiares del fallecido. «Lo conocía todo el mundo y era muy popular aquí -en La Estrella-. Solía bajar en bici desde Palavea a ver los partidos del Dépor», comentaba ese día su hermano Félix.

En A Mariña, un conocido taxista de Viveiro, Roberto Pernas, demandó a los suyos «jamón, vino y música alegre de gaita y pasodobles» para su entierro, a finales de marzo del 2015.

«Cañagüeca» -como era conocido cariñosamente este taxista de Valcarría, Viveiro, y como muchos de los mariñanos recordarán, pues era muy querido en la zona- tampoco quiso que en su sepelio hubiera velatorio ni pena. Se despidió haciendo gala de una personalidad alegre, arrolladora, que le caracterizó en vida. 

Las esquelas deparan en ocasiones sorpresas como estas, con frases emotivas, alegres o con mucha retranca por las que aquellos que se van quieren ser recordados

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