La borrasca más profunda en un siglo

Una borrasca superó los registros de Hortensia y Klaus. No tiene nombre pero generó uno de los peores desastres de la historia de España


REDACCIÓN / LA VOZ

En los años de la Segunda Guerra Mundial, España sufrió las consecuencias de su apoyo a la Alemania nazi. Los aliados dejaron de suministrar datos científicos, como la información meteorológica. Sin capacidad para prever el comportamiento de la atmósfera, nadie pudo anticipar el impacto de la borrasca más profunda que cruzó Galicia hasta el momento. No fue ni Hortensia ni Klaus, que hoy son recordadas por los gallegos como las más devastadores.

Llegó el 16 de febrero de 1941, cuando aún no se bautizaban los fenómenos atmosféricos. La historia no la recuerda por su nombre pero sí por la presión, la más reducida que se registró en la comunidad.

Nació el día 14 en las Islas Azores con una presión discreta de 990 milibares. Sin embargo, en su recorrido hacia la costa oeste de la Península empezó a perder presión y 48 horas después se había transformado en una potente borrasca de 955 milibares. Son cifras propias de un huracán de categoría 3 y, lo más importante, tenía su centro de acción sobre Fisterra. En A Coruña los vientos que soplaban de forma constante alcanzaron los 110 kilómetros por hora.

La borrasca que arrasó Galicia hace 77 años reunía lo peor de Hortensia y Klaus. Los daños que genera un ciclón dependen más de su posición que de la presión mínima. Hortensia solo registró 985 milibares pero se posicionó lo suficientemente cerca para provocar caos y destrucción. La presión de Klaus fue menor y pasó un poco más cerca de la costa norte. Esto permitió que se midiesen rachas de viento por encima de los 200 kilómetros por hora. Pero la borrasca de 1941 atravesó literalmente la costa coruñesa y con una presión mucho menor.

Incendio en Santander

Esa borrasca generó un incendio de proporciones bíblicas en Santander, protagonizando uno de los eventos meteorológicos más graves de la historia de España. Un desastre que también guarda cierta relación con otro reciente en Galicia, la visita del huracán Ophelia. La ciudad cántabra nunca ha sido la misma después de aquel fatídico 16 de febrero de 1941. El fuego comenzó por un cortocircuito en una vivienda, pero los vientos sostenidos del sur ayudaron a propagarlo por la toda la ciudad, que en cuestión de horas era pasto de las llamas. No se salvó ni siquiera el edificio del ayuntamiento o la iglesia principal. El incendió permaneció activo en algunas zonas quince días. Unas diez mil personas se quedaron sin hogar y la reconstrucción se prolongó durante veinticinco años.

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