Todos con el pie cambiado

Juan María Capeáns Garrido
Juan Capeans SANTIAGO

GALICIA

Feijoo y Urkullu, en una reunión a mediados del 2016
Feijoo y Urkullu, en una reunión a mediados del 2016 David Aguilar / Efe

El adelanto electoral en Galicia tiene pros y contras. Lo que decida el lendakari Urkullu puede inclinar la balanza

08 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Votar en primavera, en plena efervescencia académica y laboral; o después del verano, arriesgándose a sufrir una campaña de incendios de esas que chamuscan a cualquier conselleiro. A principios de mes, cuando la gente tiene dinero en la cuenta; o a finales, que es como ir a comprar al supermercado con hambre. Con los vascos, que son gente seria; o con los catalanes, que ya no lo son. Renunciar a medio año de precampaña desde la Xunta, trabajando y cobrando cada mes con una mayoría holgada y los presupuestos a toda máquina; o tratar de amarrar cuanto antes otra victoria y diseñar plácidamente la fiesta del Xacobeo 2021.

Urkullu quiere escapar de la peste política de Cataluña y la consulta a sus consejeros esta misma semana sobre la fecha idónea para votar ha provocado que todas estas reflexiones se hayan adelantado en Galicia al menos un par de meses. El lendakari recibió de su equipo argumentos «de todo tipo» a favor y en contra de acelerar la votación, según reconoció el portavoz del Gobierno vasco. Y algo así le ocurriría a Feijoo si espolease a la media docena de cabezas pensantes que suele tener en cuenta para configurar una decisión que le encanta soportar sobre sus hombros y madurar en solitario en su cerebro.

Cuando La Voz le preguntó anónimamente en el 2016 a una decena dirigentes del PPdeG qué creían que pensaba su jefe de filas, solo dos le concedieron dudas sobre su firme idea de agotar la legislatura. Entonces, la cuestión era hacer coincidir o no los comicios con la repetición de las generales en las que Rajoy amplió su ventaja, pero había frentes incómodos, como los juicios de la Gürtel, que acechaban sin que nadie sospechase su posterior trascendencia.

En clave gallega, la mayor amenaza entonces eran las mareas, pletóricas tras las conquistas municipales del 2015, pero sumidas ya en una guerra interna por el modelo de partido y sin un referente claro. Hoy, Feijoo volvería a pillarles relamiéndose las heridas, y con un adelanto evidenciaría que el PSdeG se relajó en los tiempos a la hora de potenciar a su candidato Gonzalo Caballero, pese a las prisas que este se tomó por hacerse la foto del cartel. El BNG necesitaría que Ana Pontón interrumpiese su feliz baja maternal para tratar de recoger los frutos que están convencidos que les esperan en esta cosecha. Y Ciudadanos y Vox estarían descompuestos y sin candidato. Todo soplaría a favor de Feijoo, que además pillaría a Pedro Sánchez enfangado con los independentistas y con la pólvora presupuestaria mojada. Solo habría un pero caprichoso: Cada vez que Galicia votó en la primera mitad del año (2005 y 2009) cambió el Gobierno.

El apunte: Muchos hombres por A Coruña

A las mareas y sus satélites les pillaría el adelanto electoral sin una estructura definida, pero lo que parece un problema puede ser una oportunidad para evitar meses de discusiones que solo dinamitarían preventivamente una marca que aún no existe. A día de hoy, reeditar un espacio amplio generaría auténticos quebraderos de cabeza para configurar listas como la de la provincia de A Coruña. La candidatura sería en cremallera, pero la mayoría de los aspirantes son hombres y no hay puestos de salida para tanto liderazgo.