El debate destapa la alianza tácita de la izquierda contra un Feijoo que defiende su gestión

PSdeG, BNG y Galicia en Común minimizan los roces entre ellos, pero sin ocultar la competición por liderar el cambio. El candidato del PP, objetivo de los otros seis aspirantes

Los candidatos en el debate electoral a siete de la TVG
Los candidatos en el debate electoral a siete de la TVG

santiago

Era un debate electoral que prometía cacofonía y dispersión, pues fue el primero en la historia de la autonomía que congregó en un mismo foro a siete candidatos. En cambio, no tardó en confluir en torno a una idea central: la de un Gobierno gallego que ofrece unidad de acción y experiencia en la gestión, que fue la imagen que ofreció Alberto Núñez Feijoo, aspirante del PP a la reelección como presidente de la Xunta; y la de una alianza de varios partidos de izquierdas, que tanto Gonzalo Caballero (PSdeG) como Ana Pontón (BNG) intentaron capitanear, y que se lanzó contra el mandatario autonómico para intentar señalar su puntos débiles. Objetivo final: movilizar la aún importante bolsa de indecisos, entre 350.000 y 500.000 electores.  

Feijoo, de un lado, y el tándem formado por Caballero y Pontón, del otro, fueron los verdaderos protagonistas del debate. Los representantes de las demás fuerzas, que también lanzaron unos cuantos estiletes contra Feijoo, aprovecharon la ventana de oportunidad de la Televisión de Galicia para darse a conocer y remontar en sus niveles de popularidad, pues tanto Antón Gómez Reino (Galicia en Común) como Beatriz Pino (Ciudadanos), pero también Pancho Casal (Marea Galeguista) y Ricardo Morado (Vox), hicieron alusiones a su lugar de residencia, su número de hijos o su currículo, relatando incluso de manera minuciosa su historia laboral, como hizo el aspirante de la coalición avalada por Podemos.

Como suele ser costumbre, el debate se articuló en torno a bloques temáticos, que fueron desde la sanidad y la gestión de la epidemia de coronavirus, hasta las economía, las políticas sociales o el autogobierno y sus competencias. Y la foto final que dejó la sucesión de intervenciones fue la de Feijoo alzando un muro de contención contra los ataques a su gestión que llegaron desde todos los flancos y un tripartito de izquierdas que evitaron los roces entre ellos.

Gómez-Reino llegó a decir que tiene la seguridad de que tanto el representante del PSdeG como la del BNG estarían de acuerdo con sus planteamiento, y la mayor corrección que Gonzalo Caballero le hizo a Ana Pontón tenía que ver con el peso de Alcoa en la economía de la provincia de Lugo. «Querida Ana», le llegó a decir. Suavidad máxima.

Entretanto, la representante de Ciudadanos asomó la cabeza intentando mostrar las contradicciones en el seno de la alianza de izquierdas, y haciendo alguna que otra asistencia técnica a Feijoo, mientras el candidato de Vox buscó el protagonismo lanzándose contra todos y regalando algunos rifirrafes con el secretario xeral del PSdeG.

Pancho Casal, cabeza visible de la Marea Galeguista, se esforzó en marcar distancias con la tridente de la izquierda, mostrando cierta inconformidad con algunas de sus propuestas, pese a que esta formación y Galicia en Común cohabitaron durante años bajo el mismo techo de En Marea.

El presidente de la Xunta aprovechó el primer minuto del debate para describir las coordenadas de la disyuntiva que se presenta en los comicios del 12 de julio, que es la de elegir entre un gobierno sólido y monolítico del PP, con capacidad de aplicar sin cambios su programa desde el día después de las elecciones, o un «multipartido» de izquierdas, «con ata dez partidos», dijo, que podría tener problemas para llegar a acuerdos entre ellos.

En dos ocasiones intentó Feijoo interpelar a la izquierda sobre algunas de sus propuestas, para que explicaran si tenía o no una idea compartida. Pero ni Gonzalo Caballero, ni Ana Pontón, ni tampoco Gómez-Reino mordieron el anzuelo. Los dos últimos plantearon la nacionalización de la planta de Alcoa. Galicia en Común llegó a decir que la promovería desde la Xunta si llegaran a gobernar. Pero el candidato del PSdeG, que recela de esa opción, prefirió mirar a otro lado.

Su común denominador para un gobierno alternativo fue criticar el legado de una década del PP en Galicia, sacando a relucir los mantras de los recortes en la sanidad, la educación y los servicios sociales. Eso si, tanto Caballero como Pontón no evitaron competir entre sí al postularse como al cabeza de la alternativa de gobierno.

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