A nadie se le ocurriría cuestionar la creación de una nueva formación política o central sindical alegando que la oferta ya es suficiente
29 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Para algunas mentalidades ancladas en el pasado, la mención de lo privado funciona igual que el crucifijo para Drácula. Se activa un automatismo que lleva a rechazar cualquier iniciativa con el mismo horror que mostraba el conde succionador en las películas del mítico Bela Lugosi. Ese instinto básico sigue vigente, como lo demuestra la reacción vampírica de algunos ante la primera universidad privada de Galicia. El protestantismo de ciertos partidos, sindicatos y plataformas se reactiva con una intensidad mayor que la que provoca la marcha de una empresa o el cierre de una instalación industrial. Por razones difíciles de entender si no se recurre a la novela de Bram Stoker, el proyecto se ve como una invasión que hay que repeler, un Prestige funesto ante el que se desempolva la bandera de Nunca Máis.
Los Dráculas del presente aseguran al mismo tiempo que no hay demanda suficiente y que los promotores de la idea solo buscan el negocio. Que la palabra negocio forme parte de su léxico peyorativo indica que se sitúan en un tiempo medieval, pero aparte de eso, los dos vaticinios son contradictorios. Si no hay demanda, la nueva universidad será ruinosa, tendrá que cerrar y los defensores del monopolio de lo público podrán celebrarlo. Si la cosa prospera, se demostrará que había cabida para un nuevo centro que convivirá sin fricciones con las demás universidades. En cualquiera de los desenlaces, los recursos públicos no se verán alterados. ¿Cuál es el problema?
A propósito de esos recursos a los que no recurre la universidad privada en ciernes, esos partidos y sindicatos debieran ser más comedidos en el debate. Unos y otros son entidades privadas a las que financia el contribuyente, forme o no parte de su afiliación o electorado. Es una anomalía democrática que no parece perturbarlos. Ocurre lo mismo con la pluralidad.
A nadie se le ocurriría cuestionar la creación de una nueva formación política o central sindical, alegando que la oferta ya es suficiente. Sin embargo ese mismo razonamiento se emplea contra el proyecto de Abanca. ¿Habría que cerrar entonces dos de las tres universidades públicas para evitar duplicidades? La ley del mercado opera en el ámbito político y sindical, y en cambio se restringe en el universitario por razones que remiten a prejuicios tan arraigados como la leyenda de los vampiros. En medio de la incertidumbre de la pospandemia se anuncia la creación de una universidad sin coste para el erario. Todo debieran ser satisfacciones. Los manifestantes tendrían que saludar al Mr. Marshall que no viene de paso, como el de Berlanga, sino que se queda e invierte. En cambio sucede lo contrario. Molesta que alguien crea en Galicia y no se limite a los golpes de pecho. Hay quien sigue encerrado en la cárcel del No.
NASA española e indultos
El lanzamiento de la Nasa española desde el Cabo Cañaveral de Moncloa es todo un indicio. No es la primera vez que la carrera espacial se utiliza como prestidigitación para que la gente mire hacia las estrellas mientras olvida lo que ocurre en la tierra. En nuestro caso lo que se trata de ocultar mediante el truco es que hay un Gobierno rehén de socios indeseables. En vez de Apolo o Soyuz, el programa espacial español podría llamarse Indulto. Como los argumentos para retorcer la justicia son débiles y no hay una selección española potente que desvíe la atención, aparece en la chistera del ilusionista una agencia fantasmagórica para soñar con una bandera española plantada en Marte, quizá la misma que se está arriando en Cataluña. Tan improvisado ha sido el ilusionismo que los magos olvidaron que hay un astronauta en el Gobierno que podría haber participado en la presentación con escafandra y todo. En su nave averiada, Pedro Sánchez otorga indultos con la esperanza de que le concedan una libertad solo condicional.
La solución está en los clones
La encuesta de Sondaxe deja en manos de la ciencia el futuro del PP en la Galicia más urbana. A la vista de los datos, solo la clonación de Feijoo y su presentación múltiple como candidato podría alterar unos pronósticos que insisten en una Galicia dual, que oscila hacia la izquierda al pasar de lo autonómico a lo local. El gallego cambia de vestimenta según la temporada. É mobile qual piuma al vento. ¿Es una anomalía? Sí, aunque no del elector sino de los partidos. El PP juega en casa en las autonómicas y es visitante en las municipales debido a que el liderazgo del presidente eclipsa a los jugadores locales por muchos méritos que hagan. La izquierda, sobre todo el PSOE, no encuentra un líder gallego a causa de su dispersión. Los socialistas viven en el feudalismo y los populares en la monarquía. De ahí que solo la ciencia del futuro pueda resolver este extraño empate, haciendo que gemelos de Feijoo puedan presentarse en toda la Galicia urbana y que un clon de Abel Caballero aspire a la presidencia de la Xunta. Habrá que esperar.