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La escasa oferta incrementa el precio de los pisos para estudiantes hasta un 20 %

JORGE NOYA BOTANA / R. S. LA VOZ

GALICIA

ALBERTO LÓPEZ

Apenas quedan habitaciones disponibles en Santiago, A Coruña y Vigo

23 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

En apenas dos semanas, el 5 de septiembre, arranca el curso universitario, y los estudiantes que aún no hayan encontrado piso se enfrentan a estas alturas a una misión casi imposible. Alquilar un piso en las principales ciudades universitarias se ha hecho más complicado, y más caro. Atrás quedaron los tiempos en los que vivir en una habitación durante el curso costaba poco más de 100 euros al mes. En el último lustro, el precio no ha parado de subir y a día de hoy ya es imposible encontrar un cuarto por menos de 200 euros en Santiago, A Coruña o Vigo. «Se están registrando máximos históricos de precios», admite Carlos Debasa, presidente de la Asociación Galega de Inmobiliarias (Agalin). En el último curso, ese incremento se ha acentuado aún más, y pocos apartamentos quedan a estas alturas disponibles a un precio asequible para la mayor parte de bolsillos.

El aumento se ha notado este verano especialmente en Santiago, donde está muy complicado ya encontrar un hueco. «Se ha registrado una subida de unos 50 euros al mes», explican desde la inmobiliaria Julio Gerpe. La mayor parte de los alquileres se firmaron en julio, y la oferta que queda ahora «no es demasiada». En la capital, la zona más demandada por el estudiantado sigue siendo el Ensanche, pero lo que ha cambiado es el precio y también la falta de oferta. «Está mas difícil, y hay escasez», corrobora Carla Delgado desde la inmobiliaria Decasa, donde solo quedan por alquilar dos apartamentos. El precio medio de una habitación en Santiago ha crecido hasta los 225 o 250 euros mensuales.

Misma tendencia observa Antonio Agra, responsable de Óptima Inmobiliaria, situada en una de las zonas de mayor demanda de alquiler estudiantil en Santiago. «Solo quedan pisos con rentas elevadas, de 4 habitaciones por 1.000 o 1.200 euros», comenta. Este vendedor teme que los precios «van a seguir en alza» y achaca el aumento a la inflación, y a la disminución de la oferta por la proliferación de alquileres turísticos.

Más alquiler turístico

Ese tirón de las viviendas destinadas al turismo es, precisamente, una de las razones que explican el aumento de los precios en la ciudad, según el presidente de Agalin. En este sentido, Carlos Debasa celebra la decisión del Concello compostelano de regular estos alquileres, lo que «ha mitigado la inflación con la incorporación de viviendas al alquiler de larga duración». Esta regulación y la puesta en marcha de incentivos para el alquiler tradicional son, apunta el experto, las claves para «corregir la escalada de precios», que también se nota en A Coruña y Vigo.

En la ciudad herculina, donde las rentas ya son de por sí altas, el número de viviendas disponibles para compartir ha caído un 20 % en el último año, mientras que los pisos destinados a turistas han crecido un 25 %. Un cambio de escenario que complica encontrar una habitación a los estudiantes que eligen estudiar en A Coruña. Y más a estas alturas. «Llevamos todo agosto sin pisos», lamentan desde la inmobiliaria Cuatro Caminos.

Cada año la búsqueda de inmuebles empieza antes, la oferta es poca y los precios crecen. «Hemos pasado de alquilar una habitación por 130 o 150 euros hace tres años, a hacerlo ahora por 200», ilustra José Núñez, responsable de la inmobiliaria Metrópoli. Si un piso entero costaba en el 2019 unos 450 euros, hacerlo este curso costará alrededor de 600. Y la mayor parte de las viviendas quedan reservadas de un año para otro.

Encontrar piso en este punto también es tarea imposible en Vigo. Hace quince días que apenas quedan viviendas libres. Lo explica así Antonio Fernández, responsable de la Inmobiliaria Florida: «Ya no se encuentra vivienda en prácticamente ninguna zona, quedan los restos de lo que nadie quiere». En la ciudad olívica, vivir como estudiante será más caro a partir de septiembre. Fernández cifra en un «10 o 20 %» el aumento respecto al pasado año, con un precio medio para una habitación de 200 euros mensuales.

En lo mismo inciden desde la inmobiliaria Puerta Atlántico: «Cada vez hay menos, porque mucha gente recicla los pisos para turismo». La escasez y los altos precios se notan también en los edificios con servicio residencial, donde las viviendas «han subido 100 euros en un año», explica Olalla González, de Habitacculum.

El otro problema al encontrar vivienda: las condiciones en que son entregados algunos pisos

En los últimos años, las redes sociales se han convertido en una plataforma útil para medir el pulso del alquiler estudiantil. Y aún estos días, a dos semanas del inicio del curso, Twitter e Instagram siguen siendo un reguero de mensajes de universitarios buscando piso, o compañeros. Es el caso de Marcos González, un joven de A Guarda que en septiembre empezará a estudiar en Vigo. Su búsqueda de piso comenzó ya en junio, pero no ha sido fructífera. «Estame costando moito encontrar», comenta resignado. Ha probado en las redes sociales, en portales de anuncios, y en inmobiliarias. «Seguiremos intentándoo», asegura. Él ejemplifica bien la situación que se encuentran muchos estudiantes de primero, que buscan a ciegas un cuarto en el que vivir sin tener referencias previas.

En la misma ciudad, Violeta Fernández seguirá a partir de septiembre viviendo en el mismo apartamento. Lo que cambiará para ella es el precio: «Llevo tres años viviendo en él y el precio ha subido 10 euros cada año». Ella también encontró su piso en internet, tras vivir en uno donde las condiciones de limpieza e higiene «no eran las mejores». Un punto en común con otros muchos estudiantes, que cada año se quejan de las condiciones en que se encuentran algunos de los pisos.

Lo confirma Marcos Diego, estudiante de Xornalismo en Santiago. «É un sentir xeral, o de que os pisos que se ofrecen non están nun estado tan óptimo como debería». Él está sufriendo de primera mano la escasez de viviendas. Comenzó a buscar este mes junto a dos compañeros, y aunque asume que «se despistaron un pouco», ve resignado como «non quedan moitas opcións dispoñibles». Aún encuentra anuncios, pero al llamar se encuentra con «que xa están alugados».