Tercer día del juicio del crimen del Cash Record: el policía que revisó el caso señala a Vilariño como el «autor del doble asesinato»

GALICIA




Este agente afirmó que las declaraciones de varios testigos o la habilidad y familiaridad con las armas del acusado eran «indicios que llevan a destacar esta hipótesis». La muerte de agentes de la época y la falta de testigos complica el esclarecimiento de la causa
08 feb 2023 . Actualizado a las 23:22 h.Con dos testigos en paradero desconocido y con dos policías de aquella época ya fallecidos. De esta forma empezó la tercera vista del juicio del crimen del Cash Récord de O Ceao, celebrada en la Audiencia Provincial de Lugo. El acusado del doble asesinato, el hostelero Juan Vilariño, se enfrenta a 28 años de prisión por la muerte de Esteban Carballedo y Elena López, dos trabajadores del Cash Récord del polígono lucense. Ahora, casi tres décadas después, se juzga al único sospechoso del proceso en un juicio único en la historia moderna de España. Nunca se había llevado a juicio a una persona por un crimen de estas características cometido hace tanto tiempo.
En las dos primeras vistas, Vilariño negó la autoría del atraco, en el que un ladrón se llevó cerca de 5 millones de pesetas de la caja, y del crimen. Varias personas de su entorno, sin embargo, afirmaron que él se movía en un ambiente de drogas y de armas. Un extoxicómano llegó a decir que Vilariño guardaba armas en su bar, Los Ángeles, ubicado en Lugo, y que allí de vendían drogas. Empresarios del polígono, además, afirmaron ver a tres personas «sospechosas» en un vehículo blanco, parecido a uno que tenía Vilariño en aquella época.
En la tercera jornada del juicio, celebrada este miércoles, se esperaba que varios policías que trataron el caso (tanto en 1994 como posteriormente, al reabrirse el procedimiento) aclarasen las vías de investigación que los llevaron a señalar a Juan Vilariño como sospechoso principal. Además, también eran muy esperadas las declaraciones de los agentes de la Policía Científica que analizaron la escena del crimen, o la de personas del entorno penitenciario y personal del acusado, que vivieron de cerca la relación que este tenía con las drogas y con las armas.
El policía que revisó el caso: «La hipótesis más sólida señala claramente al acusado»
Una de las declaraciones más esperadas fue la de un agente de la Policía Nacional que lideró la instrucción del caso tiempo después del suceso. En su turno de palabra, afirmó que «en las hipótesis que nosotros manejábamos, el acusado [Juan Vilariño] era claramente el autor del crimen». Y es que el inspector, que declaró este miércoles por videoconferencia, fue muy específico en su testimonio. De hecho, dio hasta cuatro motivos por los que la policía veía a Vilariño como el gran sospechoso.
La primera fue la declaración de un toxicómano amigo suyo, que debía comparecer este martes en el juicio, pero falleció hace unos años. El agente dijo que este hombre «explicó en instrucción que el acusado le ofreció el atraco del Cash Récord. Dio una serie de detalles que no podía saber si la declaración fuese falsa. Sabía que en el establecimiento iba a haber una cajera, en femenino, y un reponedor, en masculino. Son cosas que no tendría por qué saber. Por eso, le dimos la máxima credibilidad al testimonio». El segundo indicio que destacó fue que el atracador debía ser una persona conocida de los empleados, «un perfil en el que encaja el acusado, porque era cliente habitual y era de sobras conocido en esa tienda».
Además, el agente señaló que Vilariño «era poseedor de armas en la época de los hechos y era diestro en su uso. Sabía tirar y hasta se veía capaz de enseñarle el uso de la pistola a otros». Finalmente, el policía destacó que el sospechoso «fue ubicado en el lugar y momento de los hechos por un testigo que lo reconoció hasta dos veces en una rueda en la que había imágenes de otras personas». Estos cuatro indicios, según este agente, eran motivo suficiente para que la policía valorase a Vilariño como el autor del crimen. La gran cantidad de informes que tuvo que analizar este agente, que cogió el caso años después, dificultaron su tarea. «Había documentos, testimonios y diligencias de aquella época que nunca llegaron a judicializarse», explicó.
Otro agente, compañero del anterior y con el que redactó ese informe, afirmó que «tuvimos en cuenta otras líneas de investigación, como la que señalaba a dos hermanos de Coristanco condenados por asuntos violentos, o la de que habían sido miembros del GRAPO que actuaban en aquella época, pero ninguna tenía tantos indicios sólidos como la del acusado», especificó. Este agente se ratifica en su informe de manera íntegra, destacando que «no» cree que un conocido de Vilariño, que iba a comprar heroína a su bar, tuviese el arma del crimen. «El acusado sabía lo suficiente como para no darle jamás la pistola de un crimen a otra persona. No le damos credibilidad a este testimonio», concluye.
Un testigo señaló a Vilariño años después en una rueda de reconocimiento
Este policía, junto a su compañero, lideró la revisión del caso más de 15 años después del suceso. Ambos se ratificaron en el contenido de sus informes de manera íntegra. Además de analizar y recabar toda la documentación recogida durante aquella época, realizaron nuevas diligencias. Entre ellas, una rueda de reconocimiento. Llamaron a un trabajador del polígono de O Ceao (que compareció este martes) y que había dicho, en la fase de instrucción, que había visto a un conductor «con actitud de estar huyendo» aquella tarde y que pensó que podía ser el asesino.
«Lo llamamos en dos ocasiones. Le pusimos delante nueve fotos, siendo una de ellas la del rostro del acusado. La primera vez, lo señaló como el hombre que había visto aquel día junto al Cash Récord. La segunda, señaló primero otra de las fotos, pero volvió a él en un segundo intento. Tenía dudas, algo lógico al haber pasado tanto tiempo, pero creemos que el hecho de que reconociese al acusado como la persona más parecida al hombre que vio aquel día es algo a tener muy en cuenta», explicó el policía.
Este agente también hizo referencia a las críticas que existieron sobre la instrucción policial del caso. A preguntas del fiscal, dijo que «creo que se hizo todo lo posible» en los días y meses posteriores al crimen. Mencionó también los nombres de mandos de la Policía Local y Nacional de Lugo, instructores del caso, y que «se decía que podían haber tenido una actitud de desidia o de desinterés con respecto a algunos aspectos de la investigación», pero no entró en más detalles.
La abogada de Vilariño, por su parte, le preguntó por la declaración de un testigo, un toxicómano amigo del dueño de Los Ángeles, que afirmó haberlo visto entrar en el bar, aquel día, a eso de las 19.30 horas, y que no lo había visto marcharse. «No tengo claro que dijese que no lo vio salir. Puede ser que lo viese allí antes del crimen, pero que luego se fuese sin él enterarse», comentó el policía. «La labor que nos encomendaron fue descubrir quién era el autor del crimen. Nosotros, después de analizar toda la documentación, planteamos que la hipótesis más sólida era que el acusado era el asesino», concluyó el agente, que intervino desde Madrid por videoconferencia.
Los agentes que realizaron la inspección ocular dicen que las muertes fueron cometidas por un tirador «preciso y certero»
Otros dos agentes de policía, ya jubilados, comparecieron este miércoles en la tercera sesión del juicio. Se trata de dos exagentes de la Policía Científica, que llevaron a cabo la inspección ocular del lugar del crimen. Ambos sostuvieron que la muerte de Elena y Esteban fue «sorpresiva» y cometida por un solo tirador «con el mismo arma».
«Aquel día, recibimos una llamada que decía que había habido un atraco en el Cash Récord. Para nada nos esperábamos encontrarnos dos jóvenes muertos. Una vez llegamos allí, nos pusimos a recabar datos para aclarar qué había pasado», dijo el primero de ellos en declarar. En su relato, afirmó que el asesino entró sin forzar la puerta, por lo que tuvieron que dejarle entrar. El crimen se cometió entre las 19.52 horas, cuando Elena colgó la última llamada que hizo, y las 20.00 horas.
«Elena debía estar haciendo las cuentas de la caja cuando la sorprendieron por la espalda. Tenía la bala alojada cerca de una muela. Hasta fue difícil encontrar el proyectil en la autopsia. Creemos que Esteban estaba sentado sobre unas cajas, en un pasillo, viendo la televisión. Aunque Elena fue asesinada primero, es posible que no le diese tiempo a reaccionar. Pudo no identificar ni siquiera ese ruido con un disparo de un arma. Fue todo muy rápido. En tan solo unos segundos, creemos que el tirador fue a por él. Falló el primer disparo, que dio en un bote de aceitunas, pero e el segundo no. La bala lo atravesó y quedó alojada cerca de su cabeza», relató el policía.
El asesino era una persona «más bien baja», como Vilariño
Ambos coincidieron en que, analizando el ángulo de entrada y salida de las balas, «el tirador no era una persona alta, más bien tirando a baja», algo que encajaría con la estatura de Juan Vilariño, el acusado.
Las muertes, según los agentes, fueron «sorpresivas y rápidas». Todo sucedió «en apenas unos minutos». Primero, los asesinatos. Luego, el tirador fue a la caja fuerte y se llevó las casi cinco millones de pesetas. «El asesino era una persona hábil con las armas. Fueron muertes certeras y disparos precisos. Los mató a apenas unos metros, bastante cerca de la pistola, y luego se marchó», afirmaron ambos.
Días después, fueron a analizar un coche que había sido abandonado en O Ceao y tenía unas manchas rojas sospechosas. Finalmente, estas terminaron siendo óxido de hierro, así que la diligencia quedó sin apenas valor.
El inspector encargado del caso en Lugo: «Estoy convencido de que entraron dos atracadores»
Dio una versión casi opuesta a esta un exinspector de la Policía Judicial de la Policía Nacional de Lugo, Antonio Nieto Lamas. Recientemente jubilado tras comandar la Policía Autonómica de A Coruña, fue uno de los agentes más implicados con el crimen del Cash Récord en su etapa en la ciudad amurallada. Él, por su parte, espetó al tribunal que estaba «convencido» de que habían entrado dos atracadores a la vez al Cash Récord. «Uno de ellos asesinó a Esteban y a Elena. Pero el otro tuvo que intimidar y retener al reponedor, porque no se movió de su sitio a pesar de haber escuchado el disparo a su compañera. Tiempos después, reconstruimos el crimen y comprobamos que, desde su posición, se veía y se oía perfectamente un tiro así. Puede que le apuntasen con otro arma», dijo.
Nieto representaba una declaración muy esperada por ambas partes y no decepcionó. Durante su larga declaración, afirmó conocer muy bien a Vilariño. «Hablé muchas veces con él. Incluso llegué a quedar con él para charlar, o a encontrármelo por la calle y quedarnos hablando», confirmó. Con respecto a su implicación en el crimen, afirmó que jamás pudo probarla. «Cuando hablábamos de eso, él me decía que no sabía nada. Es cierto que mucha gente ya lo señalaba como sospechoso, pero nunca mencionó nada. ¡Si me hubiera dicho algo, pues claro que lo hubiese detenido!», lamentó.
«¡Si Vilariño me hubiera dicho algo sobre la autoría del crimen, pues claro que lo hubiese detenido!»
Reconoció, incluso, que intervino para beneficiar a Vilariño y que no entrase en prisión por asuntos de drogas. «Él tenía pendiente su ingreso. Yo no quería que eso pasase, porque se me acababa el chollo [insinuando que era su informante en asuntos de tráfico de estupefacientes], así que hice las gestiones que tuve que hacer para ello», contó.
Por este y otros casos, Nieto conocía de sobras a los toxicómanos que acudían al bar de Vilariño a comprar droga. Uno de ellos afirmó que el acusado le había ofrecido atracar el Cash Récord antes del crimen. Nieto no quiso restarle veracidad al testimonio, pero añadió que «a algunos delincuentes de la época les gustaba atribuirse cosas así para ganarse el respeto y el miedo de otros».
Finalmente, Nieto fue preguntado sobre la relación laboral entre la Policía Local de Lugo y la Policía Nacional, los dos cuerpos que estudiaron el caso. «No hubo ningún tipo de coordinación en la instrucción entre nosotros. Ellos no nos transmitían lo que hacían en sus actuaciones. El juzgado les encargó cosas que, según la ley, no eran su responsabilidad, pero yo no era quien para quejarme, así que se quedó como estaba», se limitó a decir.
También compareció en el juicio el excomisario de Lugo, José María Vilaboa. Por lo poco que recordaba de aquellos hechos, cuando estaba al frente de la comisaría lucense, su declaración no desveló demasiados detalles de importancia. Simplemente, se limitó a confirmar que firmó una solicitud de intervención telefónica a unos sospechosos de la provincia de A Coruña que terminó quedando en nada.
Para este jueves, se esperaba la declaración de Magín Carracedo, su sucesor, pero falleció hace unos años.
También declararon este miércoles un par de agentes de Asuntos Internos de la Policía Nacional. Su breve función en el procedimiento fue la de aclarar quién había escrito un informe policial que apareció en la comisaría de Lugo años después del suceso, titulado «Doble crimen de O Ceao». Tras la recuperación de datos y el análisis de los documentos, nunca dieron con el autor o autores. Solamente se sabe que fue creado por el comisario Tabernero, pero se cree que otros agentes fueron completando ese informe, que contenía detalles como conversaciones con Vilariño y otras diligencias que no llegaron a judicializarse.
Comentarios vacíos sobre la implicación de Vilariño en el crimen
Después de los policías de Madrid, testificó una persona que coincidió en prisión con un toxicómano amigo de Vilariño y con el propio acusado. Esta persona, en su día, afirmó que vio a una mujer salir de un coche con Vilariño y el heroinómano aquella tarde, frente al Cash Récord. Según él, entraron en el establecimiento, escuchó dos disparos y los vio huir. Fue condenado por falso testimonio por estos hechos al ser denunciado por esa mujer. Este miércoles, en el juicio, su esperado testimonio no aclaró casi nada.
Prácticamente no recordaba nada de aquel día, y simplemente se limitó a decir que todo lo que declaró en aquel momento ante la policía «fue porque se lo escuché [al toxicómano] en prisión. Nunca hablé con Vilariño de lo del Cash Récord ni fue testigo directo de nada». Tanto el fiscal como la acusación le preguntaron sobre cómo conocía información que, por entonces, era casi inédita y que no podría saber, por ejemplo, por leer la prensa. El testigo prefirió limitarse a decir que todo lo sabía «de oídas por lo que se decía en prisión».
También participaron en la tercera sesión del juicio dos supuestas parejas de uno de los toxicómanos amigos de Vilariño. La primera afirmó no saber nada del asunto, y que solo fue citada porque el condenado por falso testimonio que declaró poco antes que ella la acosaba y la metió en este asunto «porque estaba obsesionado conmigo». La segunda fue pareja de este testigo (el toxicómano) durante años, pero tampoco sabía nada del crimen del Cash Récord. Sobrina del que fue comisario de Lugo poco después, Maximino Losada, se limitó a decir que «mi novio nunca me comentó nada de todo esto y nunca lo vi hablando de armas».
Un guardia civil señala a un excompañero
Después de varios testigos, compareció en el juicio un guardia civil retirado que señaló, por primera vez en lo que llevamos de juicio, a un excompañero del cuerpo llamado Carlos, ya fallecido. «Estaba relacionado con la reparación de armas. Tú le dabas un arma y él te la arreglaba. Sé que lo hacía tanto para sus compañeros como para gente de fuera. Yo no sé si le llevaban armas ilegales... Pero se comentaba».
Este agente, de la brigada de drogas, dijo que Carlos frecuentaba mucho el bar Los Ángeles. «Lo tengo visto por allí. Conocía el bar porque hicimos alguna redada por tema de drogas», declaró. Este guardia, que conoció a Vilariño al ser detenido en el 1993 por vender drogas en su local, afirma que «lo tuve en mi despacho en Foz, al ser arrestado. Luego, en instrucción dije que me pegaba que podría haber sido el autor del crimen del Cash Récord, porque me pareció alguien frío y calculador», expresó.
Negó los rumores que lo identificaban a él mismo como «extorsionador», ya que se decía que amenazaba a compañeros «con meterles droga en el maletero». A pesar de que también rechazó que se le conociera con el sobrenombre de «El Paleto», como señalaron testigos entre los que destacan Vilariño, el propio exinspector Nieto confirmó que sí se le conocía por ese mote. Varios toxicómanos declararon en su día que un guardia civil con este sobrenombre proveía de drogas y armas al bar Los Ángeles y al acusado, su propietario.
Previsión de la cuarta sesión
Para la cuarta vista del juicio, que se celebrará este jueves, se prevé que comparezcan cerca de una decena de testigos (dos de los citados están fallecidos) y cuatro peritos. El viernes, en la última sesión del juicio, las partes leerán sus conclusiones provisionales.